Coronavirus, el sueño húmedo de todo autoritario

Por Ivan Nicolás Gyoker

Con la pandemia causada por el coronavirus todas las jurisdicciones (nacional, provinciales y municipales) debieron actuar de urgencia realizando modificaciones que en circunstancias normales resultarían no solo ilegales, sino también insoportables para la propia sociedad.

Así ampliaron sus competencias para dar respuestas a la crisis sanitaria. Sin embargo (y más allá del mecanismo institucional para implementarlo), ¿fueron todas ellas necesarias?

 

Como persona ansiosa que soy, anticipo que mi análisis pone el foco sobre estas atribuciones de emergencia de los ejecutivos, particularmente, a cómo se complementa esto con el proceso de discusión de las prestaciones estatales, de dónde vienen y la permanencia de estas posteriormente. Ahí es cuando me surge la pregunta: ¿son todas necesarias?, ¿cuál será su alcance?, ¿Qué se viene de acá en adelante? Si la situación se prolonga, ¿qué nos depara el futuro próximo mediato? Como dijo Jack, vamos por partes.

 

¿No será mucho?

Actualmente en todo el mundo los Gobiernos amplían sus facultades, bárbaro. Ahora, ¿todas hacen falta? Permítame dudar.

Arrancamos con la municipalidad de Ezeiza, que tenía a los pasajeros que venían de vuelos internacionales, cerrando el municipio con montículos de tierra y una catarata que le siguieron, después San Salvador de Jujuy disponiendo por Resolución Municipal sobre qué hacer con los hospitales provinciales y clínicas privadas, luego la provincia de Chaco reglamentando sobre tránsito, transporte urbano y rutas nacionales, el Ministro de Salud intentando cumplir viejos fetiches sobre la estatización de clínicas privadas y queriendo aplicar soluciones de Irlanda en Argentina, como si no era demasiado para las provincias y sus ingresos mantener (¿los mantienen?) a cuentagotas hospitales públicos. El Intendente de Rosario montando un show callejero hablándole a la gente con un megáfono ‘’para contener la crisis’’.

Además de eso, provincias como Chaco reteniendo la coparticipación, hasta 54%, a municipios, cerrándoles la canilla y, en esta misma provincia, gente recibiendo visitas de ciberdelitos por publicaciones que disgustaron al Emperador, otros contaron con menos suerte, no les pidieron borrarla y terminan en cana. De golpe pareciera que la regulación ejecutiva, sea decreto o resolución, puede solucionar a lo McGyver todos los problemas, sin darse por aludidos del sistema jurídico-constitucional existente y que les establece limitaciones que parecen desconocer.

 

Este quilombo de medidas pareciera recrear una obra de El Bosco, el Juicio Final quizás, todos haciendo lo que se les ocurrió, pueda o no hacerlo, teniendo competencias o disponiendo medidas ilegales. Dale que va a todo con el pretexto de afrontar la crisis.

 

Entonces, ¿hasta cuándo se sostiene todo esto? Acá entramos en un problema. El concepto de derechos adquiridos resulta realmente tentador en política, por lo cual, cabe pensar que desmontar este sistema de concesiones va a llevar más tiempo del que les tomó ordenarlas en primer lugar.

Los Gobiernos provinciales vienen en situación auto-declarada de emergencia económica, financiera ‘’ad eternum’’ que arrastran desde el principio de los siglos. Esto le da atribuciones al Poder Ejecutivo de saltearse un montón de procesos administrativos para, básicamente, hacer lo que quiere, como quiere. Así las cosas, el Estado liberal democrático, republicano y federal viene a capa caída y esta crisis puede ser el tiro de gracia.

 

Llevamos tanto  tiempo con Poderes Ejecutivos atribuyéndose más facultades de las correspondientes que ya no nos parece mal.

 

En un mundo económicamente deprimido y con un acuerdo social sobre el rol del Estado en cuestionamiento, el Estado liberal que conocemos no tendría las respuestas a dar que la ciudadanía hoy exige para este contexto y para la posteridad. Pareciera que vamos a verticalismos –aún- más fuertes, proteccionismos y con un PE con muchas más facultades de las que acostumbrábamos.

 

Varios funcionarios encontraron en esta crisis una posibilidad de cumplir sus deseos más íntimos.

 

El mundo pre, mientras y post coronavirus

El mientras

De una cosa estamos seguros, esta pandemia no terminará en unos pocos días. La cuarentena puede levantarse parcialmente quizás de aquí a un par de semanas para intentar levantar una economía con menos fuerza que un Sansón de pelo corto. Pero el coronavirus va a dejarnos más secuelas en la sociedad que en los pulmones porque empieza a aflorar este sentimiento de protección de lo propio, nos da lugar esa mezcla al surgimiento de nuevos nacionalismos.

 

Estas tensiones sociales producidas por el COVID-19 llevan a cada uno a cuidar y defender lo suyo, y también se traspola al plano político en todos sus niveles. Y esta situación justamente expone la debilidad de nuestro sistema institucional en la contención y resolución de estas tensiones, mostrando que más allá de querer convencernos sobre un montón de ideas que tenemos plasmadas en nuestra Constitución Nacional, estamos en otra y probablemente este acuerdo social y conjunto de normas organizacionales nos resultan injustas como cuerpo social y poco representativas.

 

El Mundo pre-pandemia

por la disminución de la desigualdad, subsidio de servicios y mejores condiciones de acceso al crédito. En Ecuador, todo se fue de mambo después de que el presidente Lenin Moreno metiese ajuste y acuerdo con el FMI (buen combo para la memoria selectiva-colectiva latinoamericana), y eliminase subsidios al combustible. En Perú, el presidente Vizcarra decide disolver el Congreso, como si el antecedente con esa medida no hubiese sido bastante malo con el autogolpe de Alberto Fujumori como antesala de un desastre. Lío nuevamente, ahora en Bolivia, en donde Evo Morales, pasándose la Constitución por donde no le da el sol, llama a un referéndum en 2016 que pierde, y aun así se presenta a elecciones. Durante ellas desaparecen urnas y se toma una semanita en dar los resultados, causando un caos internacional con la OEA y sus veedores, las cuales desembocan en un centenar de marchas pidiendo el destrone del mandatario ilegítimo. Esto termina con Evo exiliándose en México con su amigo AMLO. Venezuela, por su parte, en la misma historia de siempre.

 

Los Europeos al tempo de Eduardo Galeano

En Francia, por diciembre, Macron propone una reforma del sistema previsional, como venían teniendo en forma sistemáticas desde el 98’. Se pudre todo, si bien era una reforma bastante progresiva en el sentido de mejorar ingresos a quienes cobran menos y centralizar a una jubilación universal estatal, toca un punto totalmente tabú que es el aumento de edad jubilatoria. Hasta las bolas Macron. Los franceses mostraron no ser menos que los de hace 2 siglos y medio atrás. En España forma gobierno Podemos. Cortes de ruta y manifestaciones del campo en Holanda, luchando contra las retenciones al agro utilizadas para la ampliación de prestaciones estatales. Y podemos seguir durante horas.

 

¿Y ahora?

Todas estas protestas nos llevaban a un mismo puerto y, esto es, la re-discusión sobre el rol del Estado en su función de garante de servicios básicos, y a la ampliación de las prestaciones estatales (y si hacen silencio, pueden escuchar mi llanto como liberal). El mundo se convirtió en una caja de pandora donde pones la mano y te salta algo distinto, primero estas movilizaciones y ahora esta pandemia. Esta última pone en jaque la forma de acumulación de capital a través del mercado financiero y expone sus debilidades. Está pasando, aunque algunos lo lamentemos. Y vuelve internacionalmente una discusión planteada en la primavera latinoamericana, como lo llamé irónicamente en ese momento, que es la ampliación de prestaciones estatales de manera universal, teledirigido hacia la salud. Todas estas medidas parecen ser pedidas y reclamadas principalmente por jóvenes, será divertido cuando los millennials descubran cómo se financian las prestaciones estatales, una imagen digna de condorito.

 

Llegué a la conclusión en su momento de que Argentina no se levantó el año pasado por la red de contención creada a través de políticas sociales que encontramos en cada Ministerio de Desarrollo Social, las expectativas de un nuevo Gobierno que iría hacia esta misma tendencia regional y Latinoamérica entera (y los países ‘’más Latinos de Europa’’) pareciera demandar algo similar a las políticas de contención social, los derechos orientados al acceso gratuito y universal a distintos servicios que existen en Argentina, como por ejemplo el acceso a la educación universitaria gratuita, un sistema jubilatorio de reparto, un Estado regulador de la política crediticia y una ensalada de políticas más.

Hoy, por el coronavirus vuelve mucho más fuerte este reclamo, siendo nuevamente Argentina un país donde no se lo está discutiendo. Parece que el mundo quiere ir hacia Argentina, pobres de ellos digo mientras miro una foto de Margaret Thatcher.

 

El resultado de esto pende en gran parte de la reelección (o no) de Donald Trump y de si se sostiene Boris Johnson, que va de la mano con la primera pero mucho más dinámico. El cambio de paradigma como condición necesaria e indispensable necesita tener a EEUU alineado, así como al Reino Unido. Hay un montón de factores más como necesarios, pero ponemos a mirar fino en estos dos porque, junto a Brasil, sus líderes en el ejecutivo nacional son los mayores exponentes de este sistema y paradigma en discusión. Dependerá de cómo le vaya a ellos en buena medida el resultado de este cambio de paradigma haciendo mucho más ágil el avance de este nuevo Estado en Latinoamérica. El primero se juega las elecciones este año, si el coronavirus lo permite, y el segundo se juega mantener sus votos de confianza posterior a su recuperación, que lo hace día a día. Estados Unidos no reelige presidentes en recesión y esto nos explica el por qué de Trump y Bolsonaro del “dale que va y que la cuarentena la hagan los viejos”, pero hay una ventana para reelección en recesión según el antecedente, y es en una guerra, como nos mostraron Franklin D. Roosevelt, Lincoln y Wilson. Lo hablamos otro día a ese tema.

 

Ivan Nicolás Gyoker, estudiante de Cs. Políticas UCES

Colaborador de la Fundación Club de la Libertad