Costumbres de políticos latinoamericanos que no son novedad ni sorpresa

Por: Gianella Orihuela (*)

El mes pasado Perú fue el epicentro de la noticia sobre corrupción y los titulares anunciaban el caso de los veinte mil dólares encontrados en un baño de Palacio de Gobierno, pertenecientes a Bruno Pacheco, ex secretario general del Despacho Presidencial. Hecho que ha desatado una investigación preliminar por parte de la Fiscalía Anticorrupción.

El jueves pasado a través de IDL-Reporteros se supo que “Karelim López refirió tener información inculpatoria sobre el presidente Pedro Castillo. Dijo haber entregado a través del ahora exsecretario general de la Presidencia, Bruno Pacheco, una suma de dinero en efectivo destinada al presidente y previamente acordada con él”.

La crónica fue anunciada como un fallido intento de la empresaria Karelim López por ser colaboradora eficaz, debido a negarse aceptar el delito por tráfico de influencias para que la fiscalía tome las declaraciones y presente las pruebas correspondientes. Sin embargo, horas después de la controversia, López y su nuevo abogado César Nakazaki, negaron la información presentada por IDL.

Ahora que el procurador general del Estado ha denunciado a Pedro Castillo ante el Ministerio Público, está en manos de la Fiscalía probar la autenticidad de lo hasta hoy actuado para esclarecer si existen o no los delitos de tráfico de influencias y patrocinio ilegal.

El objetivo de los “empresarios” es asegurar sus puestos en contrataciones del gobierno para obras públicas; el de los gobernantes, no más amigos políticos pobres en un país “rico”.

Este hecho nos recuerda un caso en Argentina sobre el presunto dinero proveniente de la corrupción del matrimonio Kirchner, cuando en 2016, se filmó al exsecretario de Obras Públicas, José López, ingresando maletas con nueve millones de dólares a un convento a las tres de la madrugada.

Cabe recordar que, los mismos políticos crean impuestos a la riqueza bajo la creencia de que los empresarios guardan fortunas bajo el colchón, deberían saber que no es dinero estático y permite -parafraseando a Hayek- a través de las fuerzas impersonales del mercado, la creación de empleo y corolario el desarrollo de una sociedad. Contrario a lo que ellos sí hacen, que es esconder dinero en el baño, en maletas, o en la mismísima Patagonia.

Latinoamérica, sigue siendo la región más cuestionada por delitos de corrupción en las más altas esferas de los gobiernos, la cual se ha convertido en una costumbre que no tiene cuándo ni cómo acabar, peor aún si la administración de justicia es ciega, sorda y muda.

(*) Gianella Orihuela

Estudiante de Ingeniería Agroindustrial y Agronegocios en la Universidad de San Ignacio de Loyola, Perú.