Cuando la cuarentena es peor que la pandemia.

Por: Pablo Benítez Ibalo

La pandemia del Coronavirus asestó un inesperado golpe a todos los países del mundo como también a la economía mundial, en donde los indicadores dan cuenta de una crisis que supera los anales de la historia reciente. La Argentina no es una excepción a lo que ocurre. A pesar de que tuvo por finales de febrero y principios de marzo una ventaja de un par de semanas en contraste con países europeos, dio al gobierno el tiempo suficiente para acomodar el sistema de salud y enfrentar lo que sería una ola de contagios, con el temor de que no se pueda hacer frente a la consiguiente cantidad de hospitalizados. Es esta la génesis de la cuarentena, en donde la idea era acomodar en ese lapso de días toda la infraestructura que se requería en el área de salud y preparase para la embestida. Sin embargo, la cuarentena que se suponía algo de dos semanas aún persiste entre nosotros y, a esta altura, resultó ser la principal medida adoptada por el gobierno, que entiende este es el modo de evitar que se desborde el número de casos.

La gran pregunta es ¿era necesario tanta extensión de la cuarentena por parte del gobierno? Las consecuencias de todo esto pesa categóricamente en la economía de nuestro país de forma muy negativa. Ya vamos, a día de hoy, 120 días de reclusión obligatoria, con privación total de todo tipo de actividades que no tengan que ver con la alimentación y salud, se volvió la cuarentena más larga y extensa del mundo y los efectos que están haciéndose sentir en la economía nacional son devastadores. Pobreza en torno al 50%, cierre de alrededor de 35.000 pymes con la consecuente pérdida de empleos en torno a 900 mil puestos, caída en el nivel de actividad económica donde en abril, por ejemplo, la cifras dan cuenta de un doloroso 26,4% que supera el pico depresivo de la crisis del 2001 y expansión de la base monetaria en 1.052 millones de pesos (los cuales 553 millones de pesos fueron a Leliqs y pases), intento de violación de la propiedad privada (caso Vicentin) son el termómetro de la economía que indica que estamos en presencia de una posible catástrofe.

Si bien es cierto que la economía prepandemia ya estaba muy grave, los datos económicos desde que el gobierno adoptó la medida restrictiva supera toda realidad. Pero también supera la realidad la poca mea culpa del gobierno al decir que la crisis actual es culpa de la pandemia. ¿Qué significa esto? Significa que está abierta, para el gobierno, la excusa de que la responsabilidad del cierre masivo de empresas y deterioro aún más de la economía, proviene puramente del efecto de la enfermedad sobre la economía y no del confinamiento obligatorio impuesto por el gobierno. ¿Pero fue la única salida? La verdad es que los países más exitosos en el combate a la pandemia tales como Corea del Sur, Singapur, Japón, Suecia, entre otros no recurrieron a estas medidas tan drásticas que golpean a los ciudadanos. Simplemente permitieron que haya actividad económica con protocolos estrictos y medidas de higiene, testeos masivos con la idea de separar a los contagiados y el confinamiento de todas aquellas personas de riesgo mayor ante la enfermedad, como ser ancianos, personas con problemas cardíacos, diabetes.

¿Entonces vale la pena tanta privacidad de las libertades? ¿Tanta destrucción de puestos de trabajo y consecuentemente tanta generación de pobreza y miseria? La verdad es que no. La ciudadanía no está dispuesta a que la dirigencia política no tome el asunto con miras a que la cuarentena, abusivamente impuesta, socave aún más la poca base económica que le queda. Es tiempo de que la crisis sea tratada con responsabilidad hacia el futuro, permitiendo algo tan simple, que la gente pueda volver a trabajar para poder subsistir porque con el rumbo actual de las cosas nos indican que la cuarentena es peor que la propia enfermedad.

Pablo Benítez Ibalo
Fundación Club de la Libertad