El ancla de derecha

Por: Santiago Costa y Daniel Ortega (*)

Santiago Costa
Daniel Ortega

Durante años se ha dado un fenómeno en América Latina de avance continuo de la izquierda, personificado en personajes como José “Pepe” Mujica, Lula da Silva, Hugo Chávez, Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, López Obrador o Evo Morales. El espectro político, al igual que el debate, se fue corriendo poco a poco hacia la izquierda, dando que, en el caso de Argentina, pudiera verse a Macri como alguien de extrema derecha cuando con suerte su gestión podría calificarse de centro, y, en el espectro internacional, como una socialdemocracia o centroizquierda.

La batalla cultural estaba siendo ganada por paliza por un sector que parecía haber venido para quedarse, pero las flaquezas de varias de estas gestiones, sobre todo en el aspecto económico, llevaron a la gente a buscar opciones nuevas en el ambiente de juventudes principalmente de izquierda para, en algunos casos, moderarse con los años por un discurso menos “extremista” o “idealizado”. En este contexto nacen los libertarios, que aunque estuvieron presentes en el pasado, volvieron a surgir, como suele pasar tras períodos prolongados de crisis política u opresión. Al igual que la izquierda, el libertarianismo y conservadurismo que se engloban como derecha terminan siendo atrayentes para los jóvenes, pues se trata de posturas que en nuestro contexto político son disruptivas.

En marcos de incertidumbre, inseguridad y crisis económica se buscan nuevas opciones, tanto en personas mayores como quienes apenas están entrando en la vida política, que también son quienes menos vivieron dentro del sistema. A esto se atribuye que sean susceptibles a absorber la ideología “de derechas”, ya que serían los adoctrinados durante menos tiempo de la población y que, por lo tanto, no tendrían arraigadas las ideas que les quieren inculcar. Sobre el adoctrinamiento hubo un caso que se volvió viral sobre una profesora, y no es el único que se da en las escuelas públicas.

Tomando como metáfora un ejército naval, la flota latinoamericana se encontraba rumbo a su destrucción definitiva en una tromba marina, con la izquierda en el mando. Los pasajeros fueron engañados durante años, creyendo que iban en dirección a la entrada al paraíso, pero cuando el agua comenzó a tragarlos, vieron de cerca los resultados de acercarse al tornado. Algunos habían sido engullidos, los navíos Venezuela y Cuba, y fue por ello que algunos pasajeros decidieron lanzar el ancla al mar para evitar sufrir el mismo destino. Las discusiones entre quienes quieren seguir camino y los que desean cambiar de rumbo no cesan, sin embargo, pueden tener lugar justamente porque un día se puso un ancla firme que pudo detener el viaje: la derecha, una verdadera oposición al rumbo que se quería llevar. Los capitanes se turnaban, algunos iban más rápido y otros más lento, no obstante no habría resultados hasta que el cambio de rumbo fuera total porque el camino recorrido no se eliminaría quedándose donde estaban.

Quizás algunos observen a las nuevas corrientes como extremistas, no obstante son necesarias al extremo para que el debate deje de dirigirse de a poco a la izquierda por las presiones que ejerce, ya que hay alguien del otro lado de la soga para jalar y evitarlo. Se necesita constancia, pues el camino por recorrer no es corto. Lo único que sabemos hoy es que el ancla fue echada.

(*) Santiago Costa y Daniel Ortega

Estudiantes.