EL ATAQUE A UN VIEJO CONOCIDO

Por: Marcos Graef (*)

A nadie debería sorprenderle que el Estado es el principal agresor y depredador de la libertad, ya sea económica, social, o en este caso, de expresión. Tal es así, que una de las primeras cosas que planea cualquier gobierno que desee tener bajo su sometimiento a la población, es intentar, a veces con mayor éxito que otras, controlar los medios de comunicación masivos, llámese televisión, radio, diarios, etcétera.

Esto con el claro objetivo de monopolizar entre otras cosas, el discurso y la opinión publica, tratando de favorecer a su régimen y allegados. Generalmente siempre se busca una excusa para tomar control de dichos medios, excusa como, por ejemplo, la GUERRA, dicho sea de paso, invito al lector al final de este artículo, leer el escrito que tengo acerca del peligro que significa la guerra para la población civil, y no un peligro físico necesariamente.

Ahora bien, es esencial entender por qué el Estado es potencialmente el único agresor posible de la libertad de expresión, y este peligro radica necesariamente en su carácter, como no, de monopolio, sobre todo, el de la ley y la fuerza. Aunque la mayoría de las veces le basta con el primero para decretar la expropiación de cualquier medio “opositor”, muchas veces la complementa con el uso de la fuerza para aquellos “rebeldes” que, por vías ilegales, resisten el método legal.

Aunque, es aún más importante entender por qué la libertad de expresión es tan importante y dónde radica el error de su, en realidad, intento de prohibición.

En primera instancia, hablando desde el lado moral y ético, es tan importante porque forma parte de uno de los derechos fundamentales de cualquier ciudadano, es decir, la capacidad de formar, acertar o equivocarse en cuanto al pensamiento civil y político por el cual nace, por ejemplo, el liberalismo. Es decir, la pluralidad de opiniones, pensamiento, y discursos, forman parte de la naturaleza y acción humana.

Pero si este punto aún no fuese suficiente, voy a citar un argumento que debe ser la piedra angular de la defensa de la libertad de discursos y opiniones y cualquier persona debería de conocerla, se podría denominar como EL TRIDENTE DE STUART MILL, Mill como liberal, debe ser de los más reconocidos autores que trataron la problemática de la libertad, y aunque erróneamente es partidario del utilitarismo social y colectivo, su defensa de la libertad de expresión debe ser siempre tenido en cuenta, dicho argumento consiste en lo siguiente: en cuanto a la libertad de expresión encontramos 3 posibilidades, podemos estar equivocados totalmente, parcialmente acertados, o totalmente acertados, pero sea cual sea en la opción que nos encontremos, la libertad de expresión mejora cualquiera de las tres opciones.

En caso de que nos encontremos totalmente equivocados, la libertad es necesaria para que se nos brinde los argumentos necesarios para que, mediante una reflexión, podamos reformular o reafirmar nuestra postura, o incluso que se nos corrija.

Sí nos hallamos parcialmente acertados, en cuyo caso necesitas libertad de expresión y puntos de vista opuestos para ayudarte a obtener una comprensión más precisa de cuál es realmente la verdad. Y, en el improbable caso de que estemos totalmente acertados en el 100% de nuestro argumento, aún se requiere que se discuta los supuestos, que se intente rebatirlos y que se trate de demostrar que se está errado. ¿Por qué? Porque si nunca se defendiera una postura, es muy probable que realmente no se los entienda y que se los mantenga de la misma manera que mantendría un prejuicio o una superstición.

Entonces la libertad de expresión, no solo es necesaria para saber qué es verdad, con todo lo subjetivo que puede llegar a ser eso, y más dentro de las ciencias sociales, sino que se necesita para entender POR QUÉ aquello que se sostiene como una verdad, lo es en el fondo.

Aun así, como todo aquello que envuelve una regulación, en el fondo, intentar controlar la libertad de expresión va en contra de aquello que, EXTRAÑAMENTE, dicen defender aquellos que buscan la regulación, la tan afamada, manoseada y pervertida DEMOCRACIA. Para quienes sean fieles creyentes de este régimen, no es mi caso, la democracia consta de algunos pilares, y sobre todo la denominada democracia republicana, pilares como la limitación del poder estatal, el republicanismo, la división de poderes, la libertad y la PLURALIDAD DE PENSAMIENTO, entonces, aquellos políticos que se atrevan a ir contra la libertad de expresión, necesariamente están atacando a uno de los pilares fundamentales de su aclamado y tan “defendido” sistema, es decir, no solo son unos inmorales, además son unos incongruentes en su discurso, pensamiento y acciones, características las cuales no les escapa a quienes sean seguidores de dichos políticos e ideas. Concluimos que el buscar “regular” determinados discursos en nombre de la democracia y el bien común, concepto que invito a leer la crítica que le hice, sobre todo desde el estado, no solo abre la puerta a un posible régimen totalitario, gracias en parte a que determinar qué es un “discurso de odio” recae en una tarea de profundo análisis y que está sujeto de nuevo, a una subjetividad difícil de evitar, sino que en última instancia es un pensamiento incongruente, desde lo ético, político, moral, y humano.

Marcos Graef (*)

Estudiante de Ciencias Políticas en el ISARM, Posadas, Misiones.