El cómplice de los femicidios… el Estado

Por: Keila Godoy (*)

Pasan los días y es impresionante cómo de un instante a otro todo puede quebrarse al punto de apagarse… y todo se apagó, se oscurecieron las sonrisas de media Argentina, logrando quebrar a un país hasta el punto de las lágrimas.

Hoy queremos entre rejas a los responsables del femicidio de Úrsula.

Este caso nos deja con impotencia, nos deja pensando en cómo se sentiría gritar y que nadie te escuche, pensando en que tal vez podríamos haber estado en su lugar. 18 denuncias es gritar, y que a Matías Ezequiel Martínez nunca le cayera el peso de la justicia produce mucha impotencia y aún más sabiendo que él podía caminar libre con una perimetral, eso es que nadie te escuche.

No nos podemos imaginar la desesperación qué debe ser vivir con el peso de amenazas sobre tu espalda, la desesperación de pedir ayuda y que te digan “los fines de semana no atendemos” la desesperación de cómo se debe sentir como madre haber hecho todo lo posible para salvar a tu hija y que de un instante al otro te digan que la mataron, desesperación en ir a reclamar justicia rebalsada en conmoción y que a cambio recibas un balazo de goma en el ojo.

La desesperación se siente como un dolor en el pecho, es como un trago amargo del que no te puedes quitar el mal sabor. Este dolor lo sintieron los familiares de Natalia Mariel Melman, como el mismo dolor que tuvieron los familiares de Cristina y Ada Iglesias y muchísimas familias más a las que les arrebataron madres, hijas, tías, todas víctimas del Estado femicida, ignoradas por todos aquellos que subieron al poder y prometieron defenderlas, cuando en realidad lucran de mujeres muertas para seguir llenando urnas, dejando así a las mujeres sin una verdadera protección y despreciadas por los partidos políticos que prometieron luchar contra el femicidio

Hoy nos toca decir basta, hoy tenemos que despertar y alzar nuestras voces. Porque mañana podemos ser una más, salgamos a pedir justicia por esas mujeres que ya no pueden hablar y por las que todavía no se animan a hablar, vamos a hacer temblar las calles gritando los nombres de aquellas que no están, hasta que se haga justicia. Amigas estamos con ustedes, y a las que ya no están acá, descansen en paz porque sus voces van a ser escuchadas.

(*) Keila Godoy

Coordinadora de UPAU en la UNC