El falso despertar: El camino a la ceguera social.

Por: Franco Vallejos Torres (*)

Podemos observar cómo los estados forman culturas artificiales con leyes positivas incentivando la libertad positiva. Los gobiernos generando una especie de gran comuna pueden seguir aprovechando errores (mayormente económicos causados por el déficit fiscal) y terminan abrazando ideales cuasi comunistas para parchear sus problemas y demostrar un interés en querer solucionar el problema. Sabemos perfectamente que los estados nunca quieren solucionar los problemas de fondo porque perderían poder, deberían quitar todos los derechos garantizados lo que generaría una pérdida electoral segura. El problema para los políticos demagogos es que, en la economía de mercado, el individuo es libre para proceder como le plazca dentro de los límites que le impone la propiedad ajena. (…) traspasadas las fronteras de la propiedad privada y del mercado, se halla el mundo de la coacción y la fuerza. 1 existen miles de explicaciones para entender la moralidad del libre comercio y, aun así, encontramos personas que siguen justificando sus ideales con violencia o cancelación. El marxismo jamás ha podido explicar por qué su orden social y económico es superior al sistema en el que vivimos. La justificación del porqué socializar los medios de producción es superior al de la libre empresa, se basa prácticamente en argumento emocional, para ‘’liberar de la esclavitud’’ al obrero de las garras de la burguesía. El sistema socialista promete abundancia para todos los participantes del proceso productivo para que todas las necesidades estén satisfechas. Mises encara muy bien esta situación que aún sigue vigente en la discusión entre socialismo o economía de mercado: El credo socialista descansa sobre tres dogmas: Primero: La sociedad es omnisciente y omnipotente, un ser perfecto, inmune a las flaquezas y debilidades humanas Segundo: El advenimiento del socialismo es inevitable Tercero: Puesto que la historia no es sino un ininterrumpido progreso desde estadios menos perfectos a otros más perfectos, el socialismo es un sistema cuya implantación resulta altamente deseable.2 1VON MISES, Ludwig, La acción humana, Unión Editorial, 2009, pp. 855. 2 ídem. pp. 820. Es normal que las personas hayan normalizado esta situación de atribuirle al estado una perfección moral e incluso intelectual. La omnipotencia que tiene el ente estatal es tan buena para la vista de la gente que, que el individuo no tendría ningún problema en dejar su libertad natural para que sea organizada por el órgano director. En tiempos donde el intervencionismo económico y la política tradicional justifica actos demagógicos en favor del pueblo, estas ideas toman volumen para que sigan alterando las señales de mercado y, por ende, aumentar sus falencias. El estado jamás se equivoca según los teóricos estatistas, siempre hay una externalidad que no deja cumplir el paraíso que prometen, llámese: empresarios, mercado de capitales, fuga de capitales, sistema financiero, etc. Este ha sido el caballo de troya para la destrucción de muchos países y para que el mayor miedo del economista y filósofo anarcocapitalista, Murray Rothbard se haga realidad: la servidumbre voluntaria. La servidumbre voluntaria desarrollada en el manifiesto libertario toca temas como la justicia, cobro de impuestos y servicio militar obligatorio. Nosotros nos encargaremos de ampliar el concepto de servidumbre voluntaria para tener una mejor idea hacia dónde nos dirigimos. El Mejorismo Arranquemos desde la premisa que a priori todos los cambios son buenos. Que cada toma de decisiones que llevan a cambios culturales en el mundo, debe tomarse como progreso y desarrollo. Pensemos que, a partir de hoy, en base a un cambio cultural artificial, eliminamos la discriminación por ley, ahora ningún ciudadano puede discriminar a nadie por ser negro, blanco, flaco, alto, etc. Según el meliorista, esto es un gran avance para la sociedad porque con esta ley, habremos erradicado el racismo, la xenofobia, la violencia, etc. La gente podrá vivir feliz y caminar alegre de que nadie pueda insultarlos por alguna característica solo porque fue redactada en un pedazo papel por una persona de carne y hueso. Lo cierto es que este pensamiento está errado y muy idealizado. Más bien, la gente normal, gracias a su empatía, suele justificar acciones estatales con fines muy utilitaristas (un error muy usual entre los Liberales clásicos) para beneficio personal. El utilitarismo moral es algo que actualmente está siendo muy utilizado para beneficiar a los pequeños lobbys que buscan privilegios estatales a través de subsidios sustraídos del estado. La lógica es esta, A es un individuo que trabaja para el estado dando cursos de género y diversidad y B es un trabajador común y corriente de una empresa privada. El estado utiliza al sujeto B para financiar con sus impuestos al sujeto A. En resumen, podemos concluir también, que B está sujeta a 22 millones de personas que cobran un subsidio del estado. Hoy somos esclavos fiscales de un sistema ineficiente. Pero tengamos cuidado, un servidor público está muy alejado del concepto ‘’parásito’’ o ‘’ñoqui’’. Según el mejorismo, mientras estas personas tengan trabajo y puedan darle de comer a sus hijos o ellos mismos, está bien y es progresar. No entienden la explotación en la que está el sector privado, no interpretan, o no quieren, reconocer donde subyace el problema. El exceso de empleo público ahoga al privado mediante impuestos, regulaciones y la poca protección que existe a la propiedad. El mejorismo intentaría justificar cada medida que toma el estado para que los más ricos financien la ineficiencia e incapacidad de los servicios que propicia el estado. Pero la cosa no funciona así. El método redistributivo desalienta la inversión, el ahorro y ataca directamente a la propiedad privada. La economía, para el mejorismo, solo se trata de números, de subida y caída de acciones, de contadores y derivadas. No lo ven como la búsqueda del desarrollo personal, el goce al crear, el intercambio y la competencia. Claro, según la ética mejorista, todos debemos ser iguales en ganancias o menos desiguales (arrancar las ganancias de unos para dársela a otros). Lo cierto es que, por más empáticos y honestos que seamos, aun cuando intentamos igualarnos en oportunidades, jamás lograremos la igualdad o equidad que el mejorismo pregona ya que, los estándares que los individuos tienen en sus cabezas de un mundo mejor, es tan diferente y estático e ideal, que cualquier intento de realizarlo fracasaría o lo rechazaría por no ser tan justo. La economía de mercado brindara todas las oportunidades de competencia para los competentes y creativos, existe y prevalecerá para los que satisfagan necesidades en el momento indicado y los que no, deberán adaptarse a las circunstancias, como siempre lo ha hecho la humanidad a lo largo de su historia. ¡Queremos debate pero no queremos debatir! El mecanismo perfecto para ganar cualquier discusión, la imposición ideológica sin debate. Los pseudo-progresistas utilizan el mismo mecanismo que los marxistas en el siglo XX (y por qué no también, en la actualidad), el desprestigio, la utilización de la falacia Ad Hominem y la instantánea superioridad moral con la que llevan su discurso. Si miramos un poco en nuestra vida diaria, siempre vamos a encontrar a una persona que intente modificar tu comunicación para que sea más ‘’inclusiva’’ o más bien, informándote sobre los peligros de comer carne o como el cambio ambiental (obviamente, gracias al capitalismo) está arruinando los bosques y en caso de estar de desacuerdo serás juzgado por disentir con lo políticamente correcto. Lamentablemente, esta tendencia se ha consolidado demasiado gracias a las modas de ser políticamente correcto. El uso del marketing para captar a estas personas no ha colaborado en absoluto y solo ha empeorado la situación. Le han dado más poder al discurso progresista como las series nuevas que ves en las plataformas digitales o las publicidades en televisión para hacerse presente. Estos individuos que intentan utilizar la hegemonía gramsciana (‘’Tomen las escuelas, tomen las universidades que el resto se da por añadidura’’) para intentar formar un pensamiento único no es tan diferente como lo ha sufrido la Rusia soviética. El ministerio de educación ha demostrado ser un ente eficiente en lo que corresponde al adoctrinamiento y al juicio negativo en caso de no seguir a la manada. ¿Y qué tiene que ver esto con discutir las ideas? Todo. Arranquemos de esta premisa: Cecilia trabaja en una empresa, ella es una chica normal, de estatura normal y trabaja de forma eficiente. Los compañeros de Cecilia quieren eliminar la palabra negro porque entienden que puede llevar (no lo tiene en absoluto) un mensaje racista. Cecilia no entiende por qué el caracterizar un objeto por el color que se puede llevar un mensaje racista. También se suman los directores de la empresa miran con buenos ojos esa democracia que se ha generado y empezaran a discutir otro tipo de palabras para que el lenguaje sea lo más correcto y no hiera los sentimientos de nadie. Palabras como: jefe serán cambiadas como compañero, no existen los chistes ‘’obscenos’’ y se sancionará a todo aquel que no cumpla con las reglas políticamente correctas. Cecilia entiende que sus compañeros son unos imbéciles por intentar aparentar una moral o un sentimiento de superioridad moral para impresionar a los jefes. Nuestro personaje está en desacuerdo con estas medidas, ella comprende lo que quieren hacer, pero sabe que no sirven. Cecilia va a charlar con sus compañeros y les demuestra su disidencia. Posteriormente, los compañeros tildan a nuestra chica como: racista por no estar de acuerdo en la eliminación de la palabra negro. Cecilia tiene dos opciones: Pelear contra su ser para amoldarse a las reglas que sus mismos compañeros emplearon o pelear porque su voz sea oída y también respetada. Esto es lo que sufrimos hoy en día con temáticas como: el aborto, feminismo, ambientalismo, distribución de la riqueza, subsidios, etc. El problema que tenían los compañeros de Cecilia era eso, la fácil moral que te brinda el mejorismo. Solo hay que estar de acuerdo y ya estás en el grupo. Solo hay que silenciar a tu ser para estar adentro y que no seas juzgado o cancelado. Ahí está el chiste de que queremos debatir sin debatir. Proponen en la mesa sus ideas y pelean de forma deshonesta por ellas, utilizan al estado como soporte económico y publicitario para ganar la batalla cultural (por eso el estado y ONG ‘s son las que financian a estos grupos de izquierda progresista). La desventaja de la derecha es que se ha quedado en el tiempo y no se ha actualizado a los tiempos. El conservadurismo (nueva derecha actualmente) sigue verde en términos filosóficos y económicos e intenta correr contra el tiempo para que la discusión se equilibre, pero no es suficiente. Tengamos cuidado, hoy en día necesitamos valores conservadores para mantener a una sociedad completamente ignorante producto de años de decadencia para poder sentarnos a discutir de nuevo. Fortalecer a la familia y el trabajo son características importantes para que la libertad sea llevada con responsabilidad y los individuos puedan sentarse a discutir las ideas de una forma más consistente. Si lo que entendemos por sociedad quiere avanzar en la dirección correcta debe haber muchas personas dispuestas a discutir lo que quieren, debe haber más disidencia y más debate, pero por supuesto, hay personas que quieren debatir sin debatir y nosotros debemos estar listos para defender nuestra postura.

 

(*)Franco Vallejos Torres

Empleado de comercio exterior y Conductor de radio

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