El valor del lenguaje

Cierta vez, le preguntaron a Confucio sobre qué medidas tomaría para un buen gobierno, a lo que respondió “mejoraría el lenguaje”. Asombrados sus discípulos le dijeron que esa respuesta no tenía nada que ver con su pregunta: “¿Qué significa mejorar el lenguaje?”, entonces Confucio aclaró:

“Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa”,

“Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas”

“Si no hay obras verdaderas, no florecerán ni el arte ni la moral”.

“Si no florecen ni el arte ni la moral, entonces no existe justicia”.

“Si no existe la justicia, entonces la nación no sabrá cuál es el rumbo, será una nave en llamas y a la deriva, por esto no permitáis la arbitrariedad en las palabras, si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión en el lenguaje” 

A propósito de esa cita, cabe reflexionar sobre los usos y costumbres que dominan en la sociedad argentina, tanto desde los ejemplos, como en acciones diarias de sus ciudadanos.
Cada discurso presidencial es menos creíble que el anterior, cada objetivo menos cierto. Los papelones se reiteran y la chabacanería exuda en cada acto.

Dicho esto, debería ser cuidadosa la oposición de JxC, que por defender su gestión anterior, mediocre, parecen olvidar las causas de su debacle electoral. Lo acontecido a posterior de los anuncios de aumento de retenciones a las exportaciones, donde parecen olvidar que, en la gestión anterior, cuando los números no dieron, se volvieron a incrementar (aunque parcialmente), con la reiteración de ajustar sobre el privado, con el silencio cómplice de agro-legisladores, (que nunca intentaron modificar el código aduanero). Igual fue cambiar reglas de juego, con bienes personales y el blanqueo, y más cerca la nueva actualización de ABL en CABA, choca frontalmente contra los nuevos enunciados de no más impuestos ni suba de los actuales.

La discusión de temas económicos se impuso en la agenda a partir de la arremetida liberal desde dentro de JxC (López Murphy), pero principalmente desde fuera, impulsada por Espert y Milei, con un agravante, ellos han cumplido con su palabra, tanto desde las votaciones y proyectos presentados, como desde la simbología de sortear  sueldos.

El reflejo de los malos ejemplos es nuestra sociedad inundada de certificados y permisos truchos, discapacitados propios de postguerras, condenas que no se cumplen y sanciones para los giles, cuyo efecto es un aparato de control tan grande que ahoga las iniciativas.

“Es un hombre de palabra” era una cualidad admirada, apreciada. Así, la cita de Confucio, que parece escrita para este momento, debería ser tenida en cuenta por, al menos, quienes deben dar algo que no impacta en el déficit fiscal, ni jode el presupuesto. Dar buenos ejemplos y cumplir con la palabra empeñada.

(*) GES