Estado, Individuo y la Provisión de Seguridad

Por: Enrique Esteban Arduino (*)

Hace unos años atrás, publiqué un artículo sobre la monumental obra de Gustave de
Molinari. Recientemente, invitado por la Fundación Club de la Libertad como disertante en
el homenaje rendido al genial intelectual belga, y revisando apuntes y escritos me topé con
este artículo que, a la luz de las circunstancias que actualmente viven sociedades de todo
el mundo, me pareció adecuado compartir nuevamente con ustedes.
“Sobre la Producción de Seguridad“, escrito en 1849, ocupa el puesto sin lugar a dudas de
piedra basal en la historia intelectual del anarco capitalismo. Rothbard escribió “fue la
primera presentación en toda la historia de la humanidad de lo que ahora es llamado
anarco capitalismo”.
De Molinari parte de premisas aceptadas por los defensores del laissez faire, con una
revolucionaria conclusión para su época y aún para la nuestra: la seguridad es un bien
económico y por ende sujeto a las reglas de la libre competencia privada. Un monopolio
gubernamental de la seguridad pública es anti-económico e inmoral. Apunta al corazón
del Estado Moderno: su monopolio sobre la violencia física y los servicios de
seguridad. La seguridad es una constante de los hombres. Vivan aislados o en sociedad,
están interesados en la preservación de su vida y los frutos de su trabajo. Basándose en la
filosofía política de Hobbes, es lo que justifica la creación del gobierno y los monopolios
otorgados. Buscan seguridad motivados por sus propios intereses y es esperable que
pretendan el menor precio posible por su obtención. Esto es la bisagra entre el momento
descriptivo y el momento prescriptivo del planteo de De Molinari. Nota que los Estados
como productores de seguridad son más fuertes que los consumidores, por tanto es muy
sencillo imponer un régimen monopólico a estos.
Principia explicando fundamentos y motivaciones del ser humano en sociedad, con una
línea argumental similar a la praxeología desarrollada por Mises en La Acción Humana.
Reseña los impulsos a relacionarse en sociedad y cómo ésta tiende a formarse. Para
Molinari la sociedad es un orden espontáneo del tipo que describiría más adelante Hayek,
que se teje a sí misma de forma autónoma y coordinada. Reconoce como básica la
seguridad personal, y debe ser provista de alguna forma por alguien o algo. El Estado
protector emerge con facilidad en base a esta justificación. Es la forma básica del empleo
del poder físico sobre un grupo, que se vuelve atávica dado su presencia permanente.
Estudios en el campo en psicología evolutiva señalan que, en lo concerniente a seguridad,
el ser humano de hoy tiene mucho de aquel ser de las cavernas, siendo ilustrativa la
aportación del filósofo anarco capitalista Michael Huemer sobre como el poder se autolegitima. En ese marco de Molinari inserta la necesidad de existencia de uno o varios
proveedores de seguridad. La premisa es que el mercado puede proveer todo bien o
servicio más eficientemente que el proceso coercitivo del poder público. No hay razón para
que la producción de servicios de seguridad no se someta a la libre competencia. El
gobierno no debe interferir si agentes privados ofrecen libremente servicios de seguridad a
los ciudadanos en régimen de competencia.
Extraña al autor, tanto como Block, Hoppe o Rockwell, es por qué se asume sin más
análisis que el estado deba proveer monopólicamente este servicio. ¿De dónde viene este
pensamiento y por qué no se cuestiona? Nada nos impide concebir una seguridad privada,
por ello ésta marcada excepción resulta al menos curiosa. Nos dice de Molinari que las
leyes, derivadas de axiomas, à la Mises, demuestran que el principio de división del trabajo
es bueno en todo tiempo y lugar. No hay lógica alguna en la negación o suspensión
temporal de tal principio. O funciona siempre o no lo hace nunca y derivamos la
producción comunista. Sin embargo, la población e acepta el monopolio de la seguridad
sin oposición no así en casi ningún otro sector, donde admite partes importantes del
mercado.
Para de Molinari “todo monopolio se ampara necesariamente en la fuerza”, línea que
acepta y valida Rothbard en su definición de monopolio. El Estado, aunque pretenda auto
legitimarse de forma más sofisticada, en última instancia lo hace por el empleo de la
fuerza, la opresión de los que osen desafiarlo. Su idea según la cual “el monopolio siempre
acaba por desaparecer, ya sea de manera violenta, o como resultado de una transacción
amigable” debe asimilarse en el sentido de un simple cambio de régimen. El fin de un
monopolio terminará coronando otro monopolio, pero de otras características,
considerando aun así un libre mercado de múltiples competidores. Monopolio de
régimen. Ésta disyuntiva entre acabar con toda forma de monopolio o sustituirla por otra
nueva, ha favorecido que las sociedades se hayan encaminado hacia la socialización.
Solo difiere su régimen, socialdemocracia o comunismo.
Cabe preguntarnos por qué este proceso sucede casi irremisiblemente, por qué la
seguridad cae siempre en el monopolio. La respuesta la da la situación de las partes. La
situación del demandante es de debilidad, la del proveedor es la fortaleza. Uno tiene las
armas y el otro no. Es una posición inicial desequilibrada y tiende a producir un solo
resultado: quien tiene la fuerza tiende a dominar a quien no la tiene. Es casi natural que el
fuerte no considere al débil y se imponga mediante un monopolio (estado). Éste monopolio
en su territorio busca su desarrollo, que en este sector no es otra cosa que la expansión
territorial mediante el ejercicio de la guerra. Bien lo dijo Randolph Bourne “la guerra es la
salud del estado”, idea corroborada por Hayek en “Socialismo y Guerra”. Si algo distingue
al monopolio de la seguridad de otros es, precisamente, su peligrosidad.
Ante éste dominio monopólico del Estado, de una seguridad común a todos, sin otros
actores, de Molinari plantea la disyuntiva: “Comunismo total o libertad total, ¡he ahí la
alternativa!”. O el mercado funciona siempre mejor que el estado o no lo hace nunca, pero
no depende de cada sector. O un estado orwelliano monopolista o anarco capitalismo, son
las dos opciones reales que tenemos.
Históricamente, economistas, intelectuales y ciudadanos siempre se han pronunciado en
favor de una solución por el bien común, una cierta especie de comunismo, el Gran y único
Hermano de 1984. Una vez más, de Molinari se adelanta a su tiempo y entiende que la
razón se encuentra en que aquéllos no comprenden la complejidad del mercado, el orden
extenso planteado por Hayek. Y como la seguridad es un bien más, su provisión debe
estar provista bajo las leyes del mercado no monopólicamente. Por lo tanto, no
comprenden ni pueden proveer ni pueden acceder a una provisión de seguridad adecuada
y mucho menos eficiente. Todos ellos consideran que está a su alcance la capacidad de
diseñar la sociedad conforme sus expectativas. Pero los defensores del monopolio no se
dan cuenta que el rey Estado está desnudo. No tiene ningún tipo de inteligencia sobre
humana capaz de ver y entender las complejas relaciones sociales lo suficiente como para
administrarlas a su antojo. Y la provisión de seguridad no escapa a ésta realidad.
La democracia popular adopta como Dios al propio pueblo, conquistador del poder y que
desempeña el mismo, aun por medio de organismos políticos de representación. Asume
que la razón siempre puede planificar la sociedad. Pensar que la mayoría ha de tener
necesariamente razón es una tontería, y nadie mejor que Brian Caplan ha puesto de
manifiesto las debilidades de la toma de decisiones democráticas. Las revueltas contra el
poder monopolista evidencian que el origen de su legitimidad se sustenta en la violencia.
Cuando la población deja de creer en ese poder, éste se autoafirma simplemente
recurriendo a la violencia, proceso que se puede apreciar perfectamente en Venezuela,
donde los levantamientos sociales de febrero de 2014 ponen de manifiesto que el poder
autoproclamado democrático, abierto, social, etc. no ha dudado en tirar de la fuerza para
reafirmarse. Para de Molinari, “toda organización artificial conduce necesariamente al
terror.”
De Molinari explica el surgimiento y posible desarrollo de una sociedad, como llamaríamos
hoy, anarco capitalista -aunque dudo él la llamara así siendo un minarquista- partiendo de
un grupo de hombres libres que trabajan e intercambian a la sociedad más compleja, en la
que el servicio de seguridad es provisto privadamente mediante el surgimiento de
empresas/agentes que llegan a acuerdos voluntarios con los consumidores. En ese
sentido el autor no deja de mencionar la posibilidad del nacimiento de un nuevo estado a
partir de esta sociedad libertaria. Es intelectualmente honesto la introducción de esta
posibilidad en su análisis.
De Molinari es superador con su idea de eliminar el monopolio estatal de la seguridad, y
con él la propia necesidad del Estado. Su solución de agencias de seguridad en
competencia, con numerosas similitudes con las empresas actuariales, no sólo supone el
inicio del anarco capitalismo, sino que generó una corriente dedicada a especificar de qué
manera las compañías de seguros podrían ofrecer seguros contra agresiones de todo tipo
(robo, vandalismo, vida, que ya lo hacen) y, al mismo tiempo, convertirse en agencias de
defensa, embriones de las cuáles hoy vemos en las agencias de seguridad que hoy
contratan los ciudadanos ante el fracaso del monopolio estatal de la seguridad.
Desde sus inicios, de Molinari casi no cambió ninguna de sus posturas, mostrando una
envidiable coherencia, dotando sí, con el paso del tiempo, a sus argumentos de una
irrebatible solidez. Se lo considera un economista avanzado a su época, pasando a la
historia del liberalismo como el primero en plantear una seguridad ciudadana provista de
forma privada. Su argumento es netamente praxeológico, de una premisa inicial descubre
todo un cuerpo teórico lógico basado en el mercado. Hay mucho de Molinari en Rothbard
indudablemente y se pueden reconocer elementos suyos en Mises y Hayek. Su discurso
fue netamente visionario, lo cual le ha llevado a influir en buena parte de la moderna
Escuela Austriaca de Economía.
Vivimos en un mundo en el que actuamos con acciones anarco capitalistas, aunque no nos
demos cuenta por no detenernos a analizarlas o, en una actitud deplorable, por negar lo
que nuestra razón nos indica. La tendencia es clara, como cuándo de Molinari vertió éstas
ideas a la Sociedad, la ventana de aceptación se amplia. Solo es cuestión de tiempo para
que esa sociedad de individuos libres y contractuales, regidos por su razón se haga
realidad. Y en ese momento, podremos ver y enfrentar a los políticos, intelectuales y a
todos quienes pretenden beneficiarse de los individuos por medio del Estado, como lo que
realmente son: parásitos que no terminan de devorarnos por completo porque su vida
depende de la nuestra.

(*) Enrique Esteban Arduino

Director de la Fundación Club de la Libertad, Corrientes, Argentina