Javier Milei, la rifa y la mente populista

Por: María Virginia Bruzzo (*)

Hace unas semanas fuimos testigos de un hecho que ha dado tanto que hablar al punto de traspasar nuestras fronteras llegando a los diarios internacionales. Hay quienes lo han aplaudido y hay quienes lo han calificado de acto populista. Me refiero al sorteo de la dieta como diputado de Javier Milei. Justamente sobre este calificativo como acto populista del sorteo es que quiero hablar en este artículo. No con el fin de defender a Javier Milei —a quien, como libertaria (y joven entusiasta que quiere ver, aunque sea dentro de medio siglo, una Argentina liberal), respeto por su labor de comunicador de las ideas de la libertad, y de quien espero una buena representación de tales ideas en el congreso—, sino con el fin de observar cómo se ha arribado a la idea de que tal acto pueda ser populista.

La palabra populismo está a diario en boca de todos los argentinos, sea para descalificar políticas públicas, partidos o referentes políticos, sea para diferenciarse de él o para defenderse de ese calificativo. Todos hablan de populismo como si fuese tan claro como el agua lo que eso significa. Y para poder sostener que el sorteo del sueldo como diputado de Milei es un acto populista, deberíamos primero preguntarnos qué significa ser populista.

Sobre populismo mucho se ha escrito, desde perspectivas que la defienden, como la postmarxista de Ernesto Laclau (2009) [1], quien intenta definirla como una ideología política que surge para abordar las necesidades insatisfechas de una sociedad; a otras como la de Canovan (1999) [2] quien sostiene que no debe ser simplemente definida como una patología de la democracia sino como inherente de la misma y, por tanto, necesita ser estudiada en detalle; hasta la de Mudde y Kaltawasser (2017) que la definen como “a thin-centered ideology”[1] que considera a la sociedad dividida en dos grupos, “the pure people” y “the corrupt elite” [3]. Sin embargo, como esto es apenas un artículo de opinión y no un tratado sobre qué es el populismo[2], para fines prácticos tomaré la definición presente en la OxfordBibliography, que resume la postura que tomo sobre este fenómeno de la siguiente manera:

Populism viewed as a political strategy focuses on its agency, or the ability of populist movements to instrumentally appeal to followers, to maintain a direct relationship between the leader and the followers, and to exploit existing institutional weaknesses. Populists target the establishment and the elites selectively. Populists can become the elite. Yet populist politicians (re)elected to office continue to use anti-elite appeals to delegitimize opponents, even after they have come to represent the very establishment they had attacked in the past. [4]

Podría seguir buscando conceptos más especializados, pero me quedo con este, ya que señala directamente lo que muchos sabemos implícitamente o, simplemente, sospechamos de manera inconsciente sobre el populismo: es una estrategia con fines puramente instrumentales a través del cual se busca “atraer seguidores”, “explotar los puntos débiles de las instituciones” y “deslegitimizar opositores” con el fin de sostenerse en el poder. Me quedo con esta porque la puedo relacionar con una caracterización sobre el populismo que escuché en un Seminario dictado por IAF.

El asunto de ese día en el Seminario versaba sobre cómo lograr transmitir de manera efectiva nuestro mensaje en campaña. Una de las consignas de la invitada del día (especialista, por otra parte, en dirigir campañas electorales) era que encontremos una parte sensible nuestra con la que la gente se pueda identificar… “Pero”, remarcó la facilitadora, “debe ser algo auténtico, si no, sería populista”.

Bajo esta consigna, llorar, mostrar emociones, contar nuestra historia de penurias, ser carismático, acercarse a la gente, tomarse fotos con ellas son todas las válidas… si se es auténtico. Lo que diferencia un acto populista de uno que no lo es, es justamente la autenticidad, esto es, la congruencia entre lo que se piensa, se dice y lo que se hace. Javier Milei, quien es, citando sus propias palabras, “libertario en lo estático y anarcocapitalista en lo dinámico”, cree en la reducción máxima del Estado, —minarquismo— en el presente, hasta su supresión total —anarcocapitalismo— en un futuro en el que esto sea posible. En este sentido, y congruentemente con su pensamiento, ha prometido no ser una carga para el Estado y, por lo tanto, rifar su dieta como diputado. Finalmente, sus actos demuestran —al menos hasta ahora y hasta donde he podido observar— una congruencia en esta línea. Por lo tanto, se podría decir que es auténtico y no populista[3].

Pero ¿por qué se ha sostenido con tanta ligereza que todo esto es un acto populista? La primera respuesta simple y directa sería: porque los que lo deslegitimaron son populistas. Y sin duda muchos lo serán. Pero me gustaría ir un poco más allá.

El ganador del sorteo señaló en una entrevista que suponía “lo hace por marketing” [4]. Ya todos sabemos que el ganador es kirchnerista y que, claramente, no comulga con las ideas liberales. Pero algo que me hizo pensar esta declaración es que muy bien podría haber sido dicha por cualquier ciudadano de a pie, del color político que sea. ¿Y por qué? Pues, pienso yo, que porque los argentinos estamos acostumbrados a ver cualquier acto que sensibiliza (volviendo a lo que señalaba antes) como eso, marketing, en suma, como populista. Por lo tanto, se obvia toda posible señal de autenticidad. Más aún, no se ven siquiera los hechos en general. Se tiende a medir las cosas según las creencias previas y no por los hechos materiales. No hay una observación de los hechos, para ver si efectivamente el susodicho es congruente entre lo que piensa, dice y hace. Hay, sospecho, por la experiencia de lo que se escucha muy de seguido en la calle (por la praxis, se podría decir) una mente populista. Estamos embebidos de populismo que obviamos cualquier dato o hecho material. Incluso, me atrevería a decir, que estamos tan inmersos en el mismo, que no lo vemos claramente y, como consecuencia, es difícil identificarlo y diferenciarlo.

Para cerrar, mi propuesta es: miremos los hechos, los datos. Aún incluso para nosotros los liberales y libertarios que hablamos constantemente de datos, no olvidemos los hechos y preguntémonos constantemente: ¿verdaderamente creo en esta propuesta, candidato o político porque hay una congruencia entre pensamiento, dicho y hecho?, ¿o simplemente creo porque elijo creer? Más aún, sigamos aprendiendo sobre el populismo para poder identificarlo. Si no hacemos estas reflexiones podríamos caer en la mente populista.

 

[1] Se podría traducir como: “una ideología débil”. Los autores diferencian el populismo de otros posicionamientos políticos como el liberalismo o el socialismo por ser una ideología sin una base sólida de axiomas y conceptos que la sostenga.

[2] Dejo aquí mencionado para quien esté empezando las lecturas sobre el tema (como yo) una postura diferente sobre lo que se entiende por populismo dentro del liberalismo, la de Murray Rothbard en su texto: “Right-Wing Populism: A Strategy for the Paleo Movement”.

[3] Vale señalar que, bajo esta consigna, otras personas con ideas diferentes también pueden no ser populistas. Sin ir muy lejos, José Luis Espert no compartió la idea de rifar la dieta (aunque la respete). Sin embargo, eso no lo hace populista. Él es liberal clásico, por lo tanto, tolera un Estado un poco más grande que un minarquista. Para él, entonces, la dieta, visto como un sueldo de un empleado público necesario para la gobernabilidad, es un gasto justificado que debe hacer el Estado.

(*) María Virginia Bruzzo

Licenciada en Letras por la UNNE. Docente e investigadora. Coordinadora del Centro de Estudios del Club de la Libertad.

 

[1] Laclau, E. (2009) La razón populista. Ciudad de Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[2] Canovan, M. (1999). Trust the People! Populism and the Two Faces of Democracy. En: Political Studies, XLVII, pp. 2-16.

[3] Mudde, C. y Kaltawasser, C. (2017) Populism. A very short introduction. Oxford: Oxford University Press.

[4] Bustikova, L. y Guasti, P. (26 de febrero de 2020). Populism. En: Oxford Bibliography. Disponible el 21 de enero de 2022 en: [https://bit.ly/3rFiOaN]

[5] Millenaar, F. (13 de enero de 2022). Quién es el ganador del sorteo libertario: “Somos kirchneristas, pero Milei empezó bien, prometió algo y cumplió”. En: Infobae. Disponible el 21 de enero de 2022 en: [https://bit.ly/3KvDMBz]