La crisis de los kazajos

Por: Sebastián Videla (*)

Hace unas semanas escribí un artículo sobre la crisis diplomática que se encontraba desarrollando entre Ucrania y Rusia, al parecer, los problemas de los países que derivaron de la extinta Unión Soviética no terminan.

Kazajistán es un país primordial en la Nueva Ruta de la Seda que conecta China con Europa. Este país, con vastos recursos en materia prima, se encuentra ante un levantamiento de su población tras años de opresión de una dictadura vestida en democracia.

Un poco de historia

Kazajistán fue uno de los últimos países en conseguir la independencia de la Unión Soviética. Desde que este país del sur de Rusia consiguió su ansiada libertad en el año 1991, se ha visto envuelta en una dictadura sin precedentes: Nursultán Nazarbáyev se convirtió en el presidente indiscutido de aquel país y ha gobernado el mismo continuamente hasta el año 2019 – tras su renuncia al cargo –. En Kazajistán a pesar de haber elecciones, se cree que estas han estado arregladas a lo largo de su corta historia desde su autonomía de la URSS, por ello es cuestionable la forma de gobierno “democrática” que proclama este país teniendo en cuenta que solo hay un partido y un líder.

Nursultán Nazarbáyev es el verdadero zar que tiene hoy por hoy Kazajistán. Lleva más de 20 años (sin contar sus años en la URSS) como principal figura política de su país. Tanta dimensión tiene este jerarca, que en la propia constitución establece que el único que puede presentarse a reelección ininterrumpidamente es él.

Sin embargo, Kazajistán tiene la particularidad de ser un país rico en recursos naturales, para destacar encontramos una alta cantidad de oro; una de las reservas más grandes de petróleo; y además es el principal productor de uranio en el mundo. Todo esto consiguió que mantuviera un alto status económico que llevó al pib de la nación a multiplicarse hasta 9 veces desde su independencia hasta el año 2014, año en el cual la economía del país entró en crisis tras la caída del famoso oro negro (petróleo). A partir de entonces, la economía del pueblo kazajo no estuvo pasando por los mejores momentos y con la crisis del coronavirus, la situación se ha complicado aún más.

El ex presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev. Foto extraída de: (De Elbasy.kz, n.d.)

Protestas en Kazajistán

El pueblo kazajo, amaneció el pasado 1.º de enero con la noticia de que el gas licuado del petróleo aumentaría y pasaría a costar el doble de lo que estaban pagando. La respuesta a este incremento, derivó en protestas masivas que desencadenaron en la marcha atrás con la decisión de la suba del gas; la renuncia del primer ministro del país y a la espera de más acontecimientos mientras la revuelta continúa, así que estamos a tiempo de ver cuántas cabezas más ruedan con el levantamiento que impulsan los ciudadanos.

El descontento social no es de ahora, los kazajos vienen teniendo aumentos en la electricidad y en los alimentos desde el comienzo de la pandemia. Además, la falta de oposición conduce a los mismos ciudadanos a ponerse de frente ante la dictadura oligárquica que conduce Nazarbáyev en el país.

Sumado todo esto se encuentra Rusia, el aliado más cercano que tiene Kazajistán. Desde Kremlin han enviado tropas para controlar las represalias del pueblo kazajo, aunque el posible aumento del precio del petróleo que puede derivarse por la crisis de Kazajistán, beneficiaría enormemente a los rusos por lo que no me anticiparía a determinar que Putin está muy interesado en que las revueltas cesen en el corto tiempo.

Foto extraída de: (EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, n.d.)

 

(*) Sebastián Videla