La Libertad de Prensa, factor esencial para el desarrollo democrático

Por: Carlos Moratorio (*)

En el año 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas, a iniciativa de los países miembros de la UNESCO, proclamó al 3 de mayo, como el “Día mundial de la Libertad de Prensa”, con el propósito explícito de “fomentar la libertad de prensa en el mundo, al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.

¿Por qué se establece esta fecha, con una carga simbólica tan significativa, para el futuro de las democracias del mundo? La respuesta se halla en la célebre Declaración de Windhoek, rubricada en esta ciudad de Namibia, el 3 de mayo de 1991. Dicha Declaración, establecía una serie de premisas para el futuro desarrollo de la libertad de prensa, especialmente dirigida a países que no habían logrado  consolidar una debida madurez institucional o cuya preservación había peligrado por la proliferación de guerras civiles, como el caso del continente africano, posteriores a sus procesos independentistas.

Lo establecido en Windhoek, no debería sorprender a ningún argentino, debido a nuestro sistema constitucional liberal. Sin embargo sus enunciados se convierten en un buen aporte para la discusión e implementación de medidas que puedan darle vigor al pleno goce de la libertad de expresión en nuestro país y en la región.

En su punto primero, recordaba el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos,  en cuanto a que “el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista, y libre son indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en un país, así como para el desarrollo económico”. Es decir nos recuerda que las libertades del hombre, expresadas en textos como el de la Constitución Nacional de 1853, fortalecen en un todo el desarrollo social y económico de una sociedad, aunque muchos de nuestros gobernantes, periódicamente nos pretendan inculcar lo contrario.

En su segundo punto, la citada Declaración interpretaba que “Por prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes públicos no ejerzan ni dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas”. Si no fuera una “Declaración” focalizada en la realidad de entonces del continente africano, podríamos fácilmente discutir su vigencia en América Latina.

La continua injerencia de los diversos Gobiernos, elegidos por voto popular, en la realidad de la oferta informativa a la que accede la sociedad, es un clásico de nuestra realidad cotidiana. El subsidio encubierto mediante la pauta oficial, la proliferación de legislaciones a medida de diversos grupos o en contra de ellos, según convenga, la tradicional limitación gubernamental a los insumos importados que requiere la prensa, la oscuridad de la información oficial o la utilización del negocio del futbol para favorecer a unos en detrimento de otros, nos recuerdan que lo dicho en Namibia, viene muy a cuento de lo que pueda acontecer en Buenos Aires, Quito o Lima, por ejemplo.

Desde 1994, los días 3 y 4 de mayo de cada año, convocados por las Naciones Unidas y la Unesco,  se realizan encuentros internacionales, cuya actividad más significativa, es la ceremonia de entrega del “Premio a  la Libertad de Prensa UNESCO- Guillermo Cano”, en honor a este periodista colombiano, mártir de la prensa independiente en el continente, asesinado en el año 1986;y luego se realiza un importante acto académico en el que los mayores especialistas del mundo se reúnen para abordar los temas en la materia, que constituyan una amenaza, en muchos casos, a la vigencia de este derecho fundamental, que es la libertad de expresión.

En el 2021, la reunión vuelve a Windhoek, como hace tres décadas, con el vigor de quienes continúan la lucha por la libertad de prensa y el anhelo de su más amplia vigencia.

 

(*) Carlos Moratorio

Abogado

Director del Club de la Libertad