La responsabilidad de los jóvenes en la propagación del Coronavirus

Por Juan Manuel Redolfi (*)

No debería extrañarnos la situación actual. Retrotrayéndonos a la falsa dicotomía, terminamos sin salud ni economía. Algo sumamente esperable de un gobierno que desde el inicio arrancó mal y se durmió en los laureles cuando alcanzó una preocupante pero altísima popularidad al satisfacer la demanda de paternalismo por parte de la sociedad. El Presidente era aplaudido por salir en cadena nacional a explicarnos Power Points de dudosa fiabilidad y hasta se habían creado grupos que se encargaban de “escrachar” en redes sociales a la gente que no cumpliera a rajatabla lo dictaminado por el gobierno.

Afortunadamente esto cambió en poco tiempo y los errores no se hicieron esperar. En cuestión de meses vimos situaciones donde primaba la irracionalidad. Desde negarle el acceso a un padre para despedir a su hija, hasta vender drogas en las ambulancias. De presenciar una escena sexual en el congreso a aplaudir declaraciones de robo. De sarasear en conferencia de prensa a no reconocer el presente de legisladores en la Cámara de Diputados de la Nación.

Dichas irracionalidades fueron acompañadas por las lógicas (pero, al parecer, inadvertidas por el gobierno) consecuencias socioeconómicas de encerrar cavernícolamente 45 millones de argentinos. La pobreza se disparó, la actividad se derrumbó junto con el producto, se destrozaron miles de puestos de trabajo y cerraron muchísimas empresas. Se perdió un año de clase y se ponderó a la pandemia por encima de la Constitución. Todo el esfuerzo -siempre del privado- fue lamentablemente en vano. Hoy presentamos más de 40 mil muertos. Se planteó la salud como un absoluto, como algo incuestionable, pero fue vista desde un plano meramente sanitario, en el sentido de que no importó la salud mental ni la salud física, únicamente interesaban las muertes por coronavirus. El plano tampoco fue “científico” como ellos se jactaban de ser aquel 10 de diciembre de 2019, simplemente fue una cuestión de incentivos políticos, ya que las únicas muertes que cargaba sobre la espalda Fernández eran las provocadas por el virus.

La respuesta fue clara: “dejemos todo de lado, total siempre habrá un culpable, y tratemos de controlar la situación sanitaria”. Como era de esperar, salió mal. Argentina se encuentra dentro de los países con más muertes por millón de habitantes, décimo segunda en términos de contagios y con una cantidad de testeos ridículamente baja. Frente a dicha situación y de la mano del típico accionar de estos gobiernos, fue necesario encontrar un rival. Los populismos suelen manejarse de tal modo, identifican a un líder (Fernández) quien determina qué es lo moralmente correcto (la cuarentena) -moralmente correcto para su supervivencia digamos- y aquel que no caiga dentro de este armado es considerado un enemigo sobre el cual el líder logra replicar su simple pero efectiva oratoria, donde quien no cumpla con lo establecido es culpable de todos los fracasos. Este enemigo en un principio eran “los chetos que volvían de viaje”, luego fue el surfer, luego los runners y ahora parece ser que somos los jóvenes.

Es por eso que el miércoles 13 fuimos convocados a debatir junto al Club de la Libertad y demás invitados. Personalmente compartimos la gran mayoría de los puntos levantados, pero creo que principalmente estuvimos de acuerdo en la falta de autoridad moral del gobierno para pedir e imponer alocadas restricciones a jóvenes que disfrutan de 10 días en la costa luego de un difícil año y la importancia de la desobediencia civil. No es una cuestión de inmadurez, ni tampoco de irresponsabilidad, simplemente no existe fundamento lógico luego de que el gobierno haya organizado el evento más masivo del año al que acudieron un millón de personas, de que haya permitido marchas a favor y en contra del aborto junto con marchas oficialistas y opositoras. No las critico, para nada; es más, hasta he asistido a algunas. La cuestión está en la doble vara, la pérdida de la autoridad moral y la necesidad de crear un nuevo culpable para poder salir lo más limpio de todo este lío.

(*) Juan Manuel Redolfi

Estudiante de economía UNR

Coordinador del Grupo Joven de Fundación Libertad