Liechtenstein: Una Monarquía al Estilo Liberal

Por: Sebastián Videla (*)

Liechtenstein es uno de los países más prósperos – sino el más próspero – del mundo. Esta monarquía parlamentaria, se encuentra entre medio de Austria y Suiza, abarca aproximadamente unos 160,5 km², constituyéndolo como uno de los países más pequeños del mundo, pero esto no impide que sea un país extremadamente rico, y es que este principado se encuentra entre las primeras 3 posiciones de los países con más PIB per cápita según datos del FMI (Fondo Monetario Internacional).

Bandera de Liechtenstein. Foto extraída de: Smith, Whitney. “flag of Liechtenstein”. Encyclopedia Britannica, 17 Jul. 2013, https://www.britannica.com/topic/flag-of-Liechtenstein

El Estado prospero de Liechtenstein

“El proceso de transformación del Estado de un semidiós en una empresa de servicios, sólo será posible si pasamos de la democracia indirecta a la democracia directa y rompemos el monopolio del Estado con el derecho a la autodeterminación a nivel municipal”. De esta forma Hans-Adam II – Príncipe soberano de Liechtenstein –, describe la transformación que debe venir internamente de parte de los gobiernos, además alega que para que esto sea efectivo, no se necesita necesariamente un monarca, debido a que una república desde su visión, puede llegar a la prosperidad plena como en la que hoy se encuentra su país. Y es que actualmente Liechtenstein goza de ser uno de los países más libres según la ONG Freedom House – la cuál analiza la libertad y democracia de los países del mundo –, asimismo se lo considera un país en donde la corrupción es prácticamente inexistente.

Hans-Adam II, Príncipe soberano de Liechtenstein. Foto extraída de: (The Princely House, n.d.)

En 2003, se llevó a cabo un referéndum en la cual los residentes liechtensteinianos podrían haber decido limitar los poderes del Príncipe, pero esto no ocurrió y mostró al mundo el respaldo que tienen sus ciudadanos hacia la monarquía, gracias a los beneficios que han obtenido de ella hasta ahora. Es más, el referéndum de 2003, aumentó los poderes del Príncipe, ya que sus ciudadanos votaron a favor de las reformas principescas que él proponía – poder destituir el parlamento; vetar una ley; elegir los jueces –, pero, además, se le otorgó a los ciudadanos el poder de abolir la monarquía mediante un referéndum si así lo quisieran.

Por cierto, Liechtenstein es el único país en el mundo que permite que sus comunidades se independicen o se adhieran a otro Estado si así lo quisieran, dando pie a una de las constituciones más libres del mundo.

Para muchos necios los cuales no han investigado siquiera la solvencia económica de Liechtenstein, tildan a este país de ser un simple paraíso fiscal. A pesar de tener una carga impositiva baja y un tamaño limitado, Liechtenstein es uno de los países más industrializados del mundo, con un total del 40% de los empleados trabajando en el sector industrial (podemos encontrar empresas como “Hilti”, “ThyssenKrupp”, “Ivoclar”, etc).

Hans-Adams II, 10/11/2009, “El Estado en el Tercer Milenio”

Un análisis hoppeano

Hans-Hermann Hoppe, es uno de los teóricos liberales más importantes de las últimas décadas, fiel exponente de la escuela austriaca y defensor del anarco-capitalismo, explica que un monarca por encima de un gobernante republicano, puede ser la mejor decisión debido a la mentalidad cortoplacista de este último. En su libro “Monarquía, Democracia y Orden Natural”, Hoppe argumenta (entre otras cosas) que un presidente generalmente está atado a gobernar por 4 años, de modo que, este pensará primero en las consecuencias a corto y no a largo plazo, en cambio, un monarca (se presume) está atado de por vida a controlar el Estado y este tiene que preservarlo por tiempo indefinido para no sortear su supervivencia o la de sus ciudadanos (que pueden debocar en destituirlo). Por ende, el monarca prefiere los beneficios futuros, que los beneficios pasajeros.

Asimismo, Hoppe considera que, en un gobierno democrático, es difícil encontrar un culpable, en cambio en la monarquía si las cosas salen mal, se sabe de quién es la culpa, por ende, es más fácil de responsabilizar al poder estatal.

Vale aclarar que Hoppe está en contra de la democracia de por sí – Liechtenstein es uno de los pocos países en el mundo, que ostenta una democracia semidirecta (una democracia más fuerte que las convencionales) como tal –, pero su visión sobre la monarquía me parece amena para explicar el porqué de la decisión de sus ciudadanos de seguir bajo representación de Su Alteza Serenísima.

Liechtenstein es un país modelo y actualmente uno de los países más libres de la historia, del cual hay pocas cosas negativas que se le podría atribuir. El Príncipe Hans Adams II, es sin duda uno de los mayores exponentes de las ideas del Liberalismo gracias a su defensa de un Estado chico que no prive la Libertad y los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

(*) Videla Sebastián