Pago Largo, o la redención de la Libertad

Por: Enrique Esteban Arduino (*)

Desde el inicio de la Historia, la Libertad, como un hilo de urdimbre, va engarzando valiosos  eslabones que colaboran para alcanzar sus objetivos. Decididos, juegan a suerte y verdad sus reputaciones, sus fortunas y hasta sus vidas en pos de su objetivo. Pluma, palabra y espada, instrumentos que en una época convulsa utilizaron para ello. Desde el inicio de la generación nacional, Corrientes fue pródiga en nutrir y nutrirse de hombres de estas características. Tres joyas resaltan en esta diadema, ligadas a la grandeza de nuestro suelo, aun sin tener conocimiento uno del otro, ya sea por razones temporales o de ámbitos de acción.

La tierra roja de las Misiones cobijó a José Francisco; el caudaloso Paraná, arrulló a Genaro. En su infancia, José Francisco partió para ya no volver a su solar natal; Genaro no abandonó su terruño, trabajando con ahínco en su desarrollo y especialmente por su libertad. José Francisco formó sus sueños de libertad en Europa, bajo el mallete de Miranda; Genaro dispuso firmemente del suyo en una fraternal y constante unión, la 23, que aún hoy irradia destellos de luz en el sencillo inmueble de la calle San Martín.

Pero ese hilo de urdimbre, que liga los mundos y los estados entre sí, los hizo coincidir dos veces, más allá del tiempo y del espacio. Manuel de Olazábal, soldado de los Andes, fue oficial de ambos en sus Ejércitos. También, Genaro fue Jefe de la fracción en suelo correntino del Regimiento de Granaderos a Caballo que creo José Francisco.

Ambos, José Francisco de San Martín y Genaro Berón de Astrada sufrieron el olvido, y sus restos, hasta el día de hoy son denostados por quienes nunca aceptaron ni aceptarán su condición; el primero descansa al Costado de la Catedral Porteña, el segundo en el atrio de la Catedral Correntina; San Martín en un magnífico templete que cobija un monumento acorde a su Gloria y en donde yacen sus restos, obra y gestión de Avellaneda; Berón de Astrada en un bello y sobrio monumento; pero ambos fuera de la nave central y la mirada del Señor.

Ambos nos legaron piezas escritas, sensatas y de una pureza moral edificante; San Martín las Máximas a su hija, Berón de Astrada su Proyecto Constitucional de 1838.

A pesar de todo, sus vidas tenían destino de grandeza; San Martín es el Máximo Héroe de la Nación Argentina y Sudamérica, Berón de Astrada es y será el Máximo Héroe de la correntinidad, ninguno superior, ni siquiera San Martín.

  1. Año fundacional para la generación de la nación argentina. Esteban Echeverría y Berón de Astrada inician el camino de su encuentro.

Echeverría inicia la escritura del Dogma Socialista. Con sus colegas, los del ‘37, fundan el Salón Literario, que en 1838 sería la base de la Asociación de Mayo, también llamada Asociación de la Joven Generación Argentina. Echeverría, Alberdi, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (p), Mitre, Carlos Tejedor, Lafuente, José Mármol, Quiroga Rosas, José Rivera Indarte, Somellera, Thompson y Florencio Varela, entre otros, nutrían sus cuadros. El escrito de Echeverría pretendía ser una declaración de principios de la novel Asociación. Decidieron que ya era tiempo de poner un límite al descarado, y hasta sangriento, avance sobre la Libertad. Pero sus tertulias, primero, y sus declaraciones, después, inquietaron al Dictador, obligándolos a emigrar. Aquello que vio la luz en Buenos Aires creció y desarrolló en Montevideo. Así también El Dogma Socialista, editado definitivamente en 1839.

Berón, ya siendo Gobernador, emprende la senda que lo llevaría a Pago Largo, una historia de lealtades y traiciones, bravos y cobardes, de nobleza y ruindad. Que fantasmas habrán acechado el alma de Urquiza cuando vencedor en Caseros, se dio cuenta que se hizo realidad aquello que Mitre escribió años después: “las armas del vencido en Pago Largo fueron las armas vencedoras en Caseros”. Que garra oprimió el corazón de Olazábal, López Chico y Ramírez cuándo cayeron en cuenta de su bajeza al escapar del campo del honor y dejar a su suerte a cientos de jóvenes correntinos que no dudaron en ofrendar su sangre en pos de detener a las tropas del Tirano Sangriento. Cuánto habrá pesado en las conciencias de Rivera y tantos otros que prometieron apoyos que después negaron. Pero como dijo Mantilla, “Corrientes fue vencida y enlutada, pero no sus hijos que allí murieron, porque no hay victoria que iguale los lauros del martirio y el que sella su causa con la vida se impone y vence a la muerte misma”.

Y Echeverría escribe en el prólogo de su obra: “Envidio  vuestro  destino.  Yo  he  gastado  la  vida  en  los  combates  estériles  del  alma convulsionada por el dolor, la duda y la decepción; vosotros se la disteis toda entera a la Patria”, en honor a quienes la entregaron en la lucha contra la tiranía de Rosas: Acha, Avellaneda, Álvarez, Lavalle, Maza, Varela, y tantos otros, como los héroes anónimos de Pago Largo.

Pero, a ninguno como a Berón de Astrada dedico palabras tan sentidas como sinceras, tal vez admirado por tan abnegado y loable sacrificio, prefiriendo arrostrar la muerte y derramar su sangre a faltar a la  palabra empeñada, con sus hombres y con su pueblo. O tal vez por la convicción de sus ideales: “Seguid vosotros, Yo he venido a vencer o morir”, dijo ante la defección de su oficialidad. La suerte estaba echada. Siguió adelante, su honor de caballero y soldado lo guiaba.

“Pago Largo,  y  Berón  de  Astrada;  primera  página  sangrienta  de  la  guerra  de  la generación Argentina. Tu nombre Astrada está escrito en ella con caracteres indelebles. A tu voz Corrientes se levantó como un solo hombre, para quedar con el bautismo de sangre de sus hijos santificado e indomable, y ser el primer pueblo de la República. Desde el Paraná al Plata, desde el Plata a los Andes, desde los Andes al Chaco, corre el  reguero  de  sangre  de  sus  valientes;  pero  le  quedan  hijos  y  sangre,  y  ahí  está  de  pie todavía más formidable que nunca desafiando al tirano Argentino. ¿Qué  pueblo  como  Corrientes  en  la  historia  de  la  humanidad? Un  corazón  y  una cabeza que se producen  con nueva vida, como los miembros de la Hidra  bajo el hacha exterminadora. Obra es esa tuya, Berón: tu pueblo tiene en su mano los destinos de la República, y los siglos lo aclamarán Libertador.”

Pago Largo y El Dogma Socialista, sublime instante donde La Espada y La Pluma se unieron en un duelo colosal, aunque desigual, ante el Tirano del Puerto. Los libres bramaron; la Libertad, con sus insondables designios, sentó condiciones en estas tierras.

 

(*) Enrique Esteban Arduino 

Director Académico

Fundación Club de la Libertad

Corrientes, Argentina