Rusia – Ucrania: Geopolítica

Por: Franco Marconi (*)

Los tiempos que corren son tiempos de mucha incertidumbre. Los acontecimientos que se desenvolvieron en torno al conflicto ruso – ucraniano han puesto una vez más al mundo en vilo. Cada lado tiene sus razones, sus argumentos y definiciones, sin embargo, la razón y la diplomacia pierden con creciente velocidad su importancia. Se intensifican las flexiones militares y las muestras de fuerza, hay más y más charlas de guerra entre las oficinas de los aliados y socios; se avecina la tormenta.

¿Qué razones llevaron a este punto? ¿Qué soluciones hay a este conflicto? ¿Quién quedará determinado como el ganador? Estos interrogantes no tienen respuesta única. Trataremos de lograr un atisbo de objetividad y frialdad en los cálculos para comprender como es que hemos llegado al ojo del huracán, y de que forma podemos sortear la crisis.

Ahora bien, se abjuran muchas razones para este conflicto, sin embargo, a mi entender son tres las principales, y están altamente entrelazadas: geopolítica, economía y cultura. Estas tres, a su vez, tienen diversos núcleos que hacen al quid de la cuestión y que iremos desarrollando a lo largo de una seguidilla de artículos.

Previo a desenvolver los intrínsecos de cada pilar, es importante mencionar a los actores que van a jugar esta partida de ajedrez. Podemos empezar hablando de occidente como la conjunción de EEUU y UE, es decir, la OTAN, y ucrania. También podemos tomar a Rusia, Bielorrusia y China. Como se observa, las mayores potencias en todos los ámbitos juegan en este reparto; tenemos a las potencias y a las superpotencias.

 

Habiendo desenmascarado a los actores, pasemos al pilar del conflicto que atañe a este artículo. Desde la geopolítica y la política internacional, podemos entrever un conflicto en el balance de poder y una discusión de sistemas políticos. Desde ya que Estados Unidos y Rusia han competido en diversos enfrentamientos en pos de obtener prestigio y renombre internacional y obtener regímenes amigos. Sabemos también con certeza, que EEUU es, hoy en día, la potencia por excelencia; más aun luego de la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la URSS. Podemos conjeturar también que su supremacía militar es superior, pero se encuentra en descenso, si es que no declinó ya, puesto que el ejercito ruso es el mayor del mundo, cuenta con mejores entrenamientos actualmente y su tecnología bélica no tiene nada que envidiarle a nadie y tiene muchísimo poder. Aquí reside algo de superflua importancia; Rusia es una gran potencia militar y nuclear, por lo que para EEUU su contención y aislamiento es sumamente importante para evitar que Putin encabece un movimiento internacional en su contra. Teniendo Biden que disputar el poder con la amenazante China, no se puede permitir que otro de sus rivales logre suficiente influencia internacional (no del mismo modo que EEUU o China, pero influencia al fin) y se alíen para desafiar esa supuesta supremacía yanqui. Tal es así, que la concatenación de amenazas y muestras de fuerza por parte del gobierno ruso derivaron en las respuestas condenatorias de su contraparte y su prestación en defensa de Ucrania, el cual no es parte de la OTAN o miembro de la UE.

En adición a lo anterior, desde una perspectiva rusa, la constante amenaza de que Ucrania efectivamente entre en la OTAN no hace más que resquebrajar su planteo de seguridad e integridad territorial, ya que sus enemigos tendrían una puerta de entrada en Rusia y una gran frontera, violando un territorio reclamado como propio y vital. Este mismo balance de poder que disputa Putin con Biden, es el mismo que busca proteger, evitando que Estados Unidos se acerque demasiado como para hacerle daño, y poder mantener aquello que considera su cordón de seguridad. Considerando ahora la lucha por el puesto de perseguidor, Rusia tiene que demostrar al mundo que China no es la mayor amenaza a las democracias occidentales. Debido a su incapacidad de competir en los planos económicos, sociales y hasta culturales, Rusia ha de llenar esa incapacidad con grandes muestras de fuerza, con demostraciones de poderío militar y capacidad de influencia; Putin debe, en suma, inflar a su personaje y a su prestigio internacional hasta opacar sus falencias económicas. La imperiosa necesidad de aparentar grandiosidad, ha llevado a Rusia a probar las respuestas de occidente y llevar a su país a pie de guerra.

Hemos visto cómo las necesidades del poder han llevado a Putin a ser corajudo y buscar hacer tambalear el centro de poder de occidente presentándole un frente de batalla sumamente complejo. Si bien existen promesas de ‘rápidas y decisivas’ acciones, ¿Qué implican? ¿Qué alcance tendrán? ¿Qué provocación será suficiente para desencadenarlas? Al ritmo que escribimos este artículo, tropas rusas, precedidas por un decreto y un discurso que proclamaban independientes a las provincias separatistas prorrusas del Donetsk y Luhansk, han entrado con la intención de ‘mantener la paz y el orden’ y asegurar la libre determinación de su población. Esta flagrante movida despertó reacciones variadas. Por un lado, se alega un ataque a la soberanía ucraniana, ya que estas provincias se encontraban en abierta rebelión y no eran reconocidas internacionalmente. Por el otro lado, se justifica la avanzada promoviendo la autodeterminación y la legalidad de un pedido de protección por los líderes de las dislocas repúblicas. Ante esto, Ucrania ha convocado una reunión de urgencia para buscar salvaguardar el resto de su territorio y recuperar el perdido; Biden ha empezado a aplicar sanciones leves tales como la prohibición de inversiones en las regiones (con efecto casi nulo); los líderes europeos han condenado la acción y preparan medidas conjuntas y con la participación de la OTAN; y finalmente, ante toda la negativa internacional, Putin a defendido con argumento de seguridad para los rusos en todas las regiones que reclama[1].

¿Podría haber acabado diferente? La respuesta sencilla es si, la guerra nunca es necesaria, nadie la desea; sin embargo, con un poco de análisis, vemos que la realidad demuestra que este es un desenlace esperable, aunque no el peor. Después de la pantomima y las demostraciones que realizó Rusia, no le quedaba más opción que seguir con su plan. Si hubiera capitulado y cedido ante la presión de la OTAN, hubiese perdido en todo sentido político y estratégico. A la largo o a la corta (más a la corta debido al impulso que generó la esencia de la amenaza) Ucrania se hubiera transformado en un miembro de la OTAN y Rusia habría quedado cercada y con el enemigo a sus puertas; toda muestra de fuerza no valdría debido a su incapacidad de atacar a su mayor adversario. Esa misma rendición hubiera significado ceder el centro de poder a China, dejándola como la mayor amenaza y el rival a considerar de EEUU; generando una pérdida de su influencia en todo el globo. Esto también provocaría en cierta forma un resquebrajamiento del régimen inducido por la sensación de debilidad del líder y la cobardía ante los supuestos enemigos.

Finalmente, quiero considerar algunas respuestas en el porvenir. ¿Qué hará Estados Unidos ante esta abierta violación de los tratados de paz y el desinterés por las amenazas efectuadas? A día de hoy, Biden y la OTAN han recriminado la acción y reafirmado la voluntad de imponer ‘severas sanciones’, sin embargo, el pináculo de decisión está todavía indeciso sobre si este movimiento merece una respuesta aun más grave. Técnicamente, (y creo yo que aquí se amparan las potencias occidentales para no actuar) las regiones que actualmente ocupó Rusia no pertenecían a Ucrania si consideramos que la presencia del estado de Ucrania se rige con la máxima weberiana: el monopolio de la fuerza física legitima en un territorio. Tal es así que este vacío ha provocado la indecisión de occidente en la materia y ha fallado en responder con la gravedad que reclama Ucrania, en grandes partes de la opinión mundial.

Estados Unidos se encuentra en una encrucijada que marcará el futuro del balance de poder. Si en esta crisis falla en imponer sus condiciones y marcar el territorio, reafirmando su poderío y su capacidad de influencia, estaría perdiendo autoridad para detener el próximo avance chino: la isla de Taiwán. Dejando camino libre a Putin para que haga lo que le plazca en Ucrania, solo desnudaría y evidenciaría al mundo la declinación de Estados Unidos y abriría una nueva etapa de tironeo por el centro del poder, resquebrajando el orden mundial y desenvolviendo nuevos conflictos. ¿Hasta que punto esta dispuesto Estados Unidos a arriesgar su supremacía? ¿Hasta que punto el balance de poder no ha caído ya del lado de las dictaduras? ¿Puede Estados Unidos contener y salvaguardar su influencia y prestigio contra los embates de sus adversarios? ¿Estamos ante el prólogo de una era de desafíos y el epílogo de la supremacía yanqui?

[1] Es importante tomarme esta nota al pie para hacer un racconto histórico hacia los inicios de la 2da Guerra Mundial. Hitler abjuraba y condenaba que el ejercito polaco maltrataba y desdeñaba a la población alemana en su territorio, por lo que la invasión a Polonia sería, en efecto, una defensa de los derechos de los alemanes en suelo polaco, y no una invasión total…

 

Franco Marconi (*)

Estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad del CEMA.