Alberdi y sus ideas de actualidad

Los paraguayos somos todos alberdianos. Fue Juan Bautista Alberdi (1810- 1884) el gran liberal argentino, redactor de la Constitución de su país, un defensor del Paraguay en ocasión de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).

Alberdi no solo defendió con su talento la causa paraguaya, hurgando en los antecedentes y las causas de la Guerra Grande. Alberdi simpatizaba con el Paraguay porque como buen liberal estaba convencido —así lo dice la experiencia— de los buenos efectos que traen consigo las relaciones internacionales cimentadas en el libre comercio. La paz, la cooperación y el incremento de la calidad de vida no son más que efectos de aquella causa.

Este último dato es suficiente para hacer notar de las profundas diferencias que tenía Alberdi con sus compatriotas con los que no comulgaba, primero con Juan Manuel de Rosas y luego con Bartolomé Mitre.

Un detalle que muestra la personalidad republicana de este prócer, se da cuando al momento de graduarse de abogado no acepta el juramento que reinvidicaba al gobierno de Rosas. De igual importancia, están las ideas conocidas como alberdianas, por cuanto su proyección en el conocimiento de la filosofía, la economía y la política tienen hoy día alcance universal.

Alberdi comprendió desde joven que el ius naturalismo, cuyo origen se encuentra en Grecia y luego en Roma, era la clave para poner una barrera al afán de los legisladores y políticos de hacer de la ley un instrumento al servicio de los intereses de los gobiernos de turno. Decía que saber de leyes, no es conocer del derecho. Y de esto nuestras facultades de derecho deberían tomar nota debido al dañino avance del positivismo jurídico en las aulas que confunde lo justo como sinónimo de legal.

Sobre varios temas se expresó este pensador. Por ejemplo, le llamaba la atención que la gran mayoría de los próceres en la América hispana eran defensores de la independencia de la madre patria, pero, no precisamente estaban dispuestos a promover las libertades en las nuevas repúblicas. Apenas querían cambiar unas cadenas por otras. A propósito, aquí en Paraguay, Fernando De la Mora, también tenía esa preocupación que se manifiesta en los debates con el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, antes y luego de nuestra independencia en 1811.

Alberdi, al respecto, dijo: “Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional; he aquí toda la diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios”. Luego de sancionarse la Constitución argentina bajo la influencia de sus ideas, Alberdi siguió escribiendo. Dos de sus obras merecen suma atención. “Sistema económico y rentístico según la Constitución” y “Estudios Económicos”.

Notables son sus aportes al referirse sobre la renta pública y privada. Decía que el sistema rentístico forma parte de las finanzas públicas y que es accesoria al sistema económico que deviene de la libertad, de la propiedad privada, de la generación de riqueza y su distribución y, que ésta última, es mejor si es libre y no mediante artificios reglamentarios que dañan a los individuos en su honra y esfuerzo.

La Constitución de 1853 de Argentina, obra del Alberdi, permitió a este país convertirse en una de las naciones más prósperas del planeta, entre las diez del mundo. Hoy, esa Constitución alberdiana, bella y sabia como pocas, ha sufrido enmiendas e infelizmente está prácticamente derogada debido a que desde la década del 30, el intervencionismo socializante empezó a empobrecer y corromper a aquella Argentina esplendorosa de antaño. Juan Bautista Alberdi nació el 29 de agosto de 1810 en Tucumán. En el aniversario 205º de su nacimiento lo celebramos porque sus ideas siguen vigentes.

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