¿Alguien quiere pensar en el Mercosur?

Por Justo Altavilla.

El 5 de Agosto de 1994, cuatro países del continente (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) se aprestaron a la firma del “Protocolo de Buenos Aires…” (…sobre Jurisdicción Internacional en Materia Contractual), hecha en la capital platense. El tratado era el resultado directo de otro importante texto, como fue el Tratado de Asunción, que inauguró en 1991 el Mercado Común del Sur (Mercosur), bloque que buscaba consolidar el hermanamiento fronterizo y el libre comercio en el continente, en el pleno apogeo de la globalización a lo largo de los países (sólo dos años, en 1993, se crearía la Unión Europea, sucesora directa de la Comunidad Económica Europea).

Los motivos de la firma de este eran claros: la unión no solo podía ser en términos legales escritos, sino que esto tenía que darse en la práctica y la vida real también, pero esta no podía ser potable con las naciones miembros de la organización teniendo todas distintos sistemas legales tanto públicos como privados. En los textos que justifican la firma del protocolo, se enumeran los diferentes motivos para su realización: “La voluntad de los Estados Partes de acordar soluciones jurídicas comunes para el fortalecimiento del proceso de integración (…) La necesidad de brindar al sector privado de los Estados Partes un marco de seguridad jurídica que garantice justas soluciones y la armonía internacional de las decisiones judiciales y arbitrales vinculadas a la contratación en el marco del Tratado de Asunción (…) La importancia de adoptar reglas comunes sobre jurisdicción internacional en materia contractual, con el objeto de promover el desarrollo de las relaciones económicas entre el sector privado de los Estados Partes”.

 

Así, este protocolo pasaba a regular un nuevo mundo de contratos que contasen con la participación de alguno de los países miembros, o entre ellos mismos también, siempre que fueran de tipo privado y/o comercial (se excluían los de tipo laboral, administrativo, etc), y también pasaba a transicionar los diferentes sistemas judiciales de los países, posibilitando que ahora en cualquiera de los que se encuentren suscritos al Tratado de Asunción, se pudieran dar litigios de tipo internacional entre los Estados Partes, esto último gracias al concepto de “Jurisdicción Internacional”, que permite a las partes contratantes la prórroga de jurisdicción, favoreciendo así la elección de un tribunal imparcial con relación a los intereses de ambas partes, brindando certeza y seguridad sobre el tribunal ante el cual recurrirán frente a una eventual controversia, previniendo los conflictos relacionados a la litispendencia, ya que evitando los litigios en distintos países se tiende a resguardar el principio de defensa en juicio.

Todas estas modificaciones se daban en vistas de poder posibilitar un nuevo sistema que atrajera los ojos de las inversiones y el crecimiento económico hacia estas naciones, todas ellas en necesidad clara de mejorar sus componentes económicos y los estados de situación de las mismas, en medio del boom económico que posibilitó la globalización y sus distintos componentes, como así también la igualdad de pensamiento y políticas económicas en estas naciones.

 

Hoy día, el Mercosur también incluye a otras dos naciones, Bolivia y Venezuela, aunque esta última en estado de suspensión. El Mercosur y su bloque en conjunto forman la quinta economía mundial,  y con un PBI de casi el 83% del índice total sudamericano, convirtiéndola en el área económica más competitiva, potente y desarrollada del hemisferio Sur, y cuenta con algunas de las reservas minerales, energéticas y naturales más grandes del planeta.

Pero aún así, el bloque territorial también tiene sus problemas: se alzan las voces sobre la necesidad de reformar la institución, dejando el modelo de Mercado común y reemplazándolo con políticas de libre comercio, flexibilización en las regulaciones económicas y políticas que busquen despolarizar el ente tanto de la Argentina como de Brasil, permitiendo el desarrollo en el resto de las naciones miembro. Por el lado sociopolítico, la desigualdad entre las naciones son aún mayores que en el sentido económico, con sistemas completamente diferentes, desde lo político y administrativo, hasta lo social y cultural. Ciertamente, que el Mercosur trate de asemejarse a su contraparte del viejo continente es uno de los anhelos más grandes que tiene la organización, pero para ello, se deberá trabajar duramente en limar todas las asperezas que se encuentren, planificar en el largo plazo el crecimiento del bloque y tener un pensamiento sobre el bloque mucho más a menudo, y no solo para beneficiarse a la hora de dar un discurso que dicta una cosa pero hace otra totalmente diferente.

 

Justo Altavilla

Periodista y profesor

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