La lectura, aquella ancha avenida de la creatividad

Por Rodrigo A. Altamirano.

La creatividad y capacidad de la mente humana se enfrenta constantemente a un desafío de superación propia, en busca de ver si es que existe algún límite para la misma, y lo cierto es que en un mundo donde convivimos junto a otras 7.000 millones de personas, dicho límite parece imposible de alcanzar. Por ello, no es sorpresa que vivamos en un mundo que constantemente atraviesa cambios y transformaciones de gran escala, sean ya estos a corto o largo plazo. Si no, por ejemplo, veamos estos cambios en una de los rubros que más modificaciones ha tenido durante el último medio siglo, como ha sido la tecnología: hace menos de 5 años, nadie imaginaba poder vivir de publicar o manejar redes sociales; hace 10 nadie esperaba que los teléfonos celulares fueran inteligentes; hace 20, la existencia misma de Facebook; hace 30, la posibilidad de radicalizar las telecomunicaciones mediante una red como Internet.

 

Así con muchos más ejemplos podemos seguir, siempre pudiendo reconocer al origen de muchas de estas invenciones en la inventiva de nuestra especie; ahora bien, ¿viene dicha imaginación naturalmente como nosotros? Pues podría decirse que sí, aunque debe cultivarse para llegar a visibilizar algo más allá de lo que existe, para lo cual hay que inspirarse. No es sorpresa que otra invención de nuestra mente, como es el libro, sea una de las principales fuentes de inspiración a la hora de buscar creatividad. Es por ello que la Conferencia General de la Unesco de 1995 declaró el 23 de Abril como el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, buscando rendir un homenaje universal a los libros y autores en esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad.

¿Por qué el 23 de abril? La elección de la fecha se debe a lo simbólico de la misma dentro de lo literario, dado que fue el momento en que fallecieron tres grandes exponentes de las letras, como son Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega: el primero es considerado la máxima exponencia de la literatura española, por ser el creador de “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, primera obra considerada como novela, además de ser el libro más editado y traducido de la historia, detrás de la Biblia; mientras que el segundo goza la fama de ser uno de los más grandes dramaturgos y poetas no sólo de la lengua inglesa sino también a nivel universal, con obras como “Hamlet” o “MacBeth”, cuyo apogeo se dio a partir de la era victoriana del siglo XIX, y el tercero, originalmente llamado Gómez Suárez de Figueroa, celebrado como uno de los primeros mestizos americanos en dejar huella en la cultura española y americana, considerándolo como el “Príncipe de los escritores del nuevo mundo”, gracias a obras como “Comentarios reales de los Incas”, una de las más grandes recopilaciones históricas para el momento. Sin embargo, cabe acotar luego de esto, que hay un pequeño detalle: solamente De la Vega falleció el 23 de Abril; Cervantes Saavedra falleció de hecho el día anterior, 22, y fue enterrado al día siguiente. Lo más confuso es el caso de Shakespeare, que murió un 23 y a la vez no: es que hay que considerar que Shakespeare falleció el 23 de Abril según el calendario Juliano, todavía en uso en la Inglaterra de entonces, y diferente al nuevo calendario gregoriano que empezaba a utilizar el viejo continente, según el cual, el bardo falleció de hecho el 3 de Mayo.

 

Pero dejando de lado la explicación histórica sobre la fecha, centrémonos en el objetivo principal de la conmemoración, que es la difusión universal de la lectura. Para que tengamos una idea de cuán importante es esto, tengamos en cuenta que al igual que como empecé este texto, hace medio siglo las cosas eran diferentes: un cuarto de la juventud mundial entre los 15 a 24 años no podía leer o escribir una oración simple, hoy esa cifra es de 8%. Dentro de los países más desarrollados, en el 75% de ellos, más del 90% de la población ha leído al menos un libro cada año. Tampoco es necesario contar con datos para entender la influencia que puede tener un poco de papel y tinta sobre la sociedad; al fin y al cabo, recordemos que la mayoría de las religiones centran sus creencias en base a libros donde se narran las mismas, o en la vereda contraria, los Estados en su gran mayoría sientan sus pilares en Constituciones o códigos legales; la Constitución Argentina, sin ir muy lejos, está largamente basada en las “Bases y Puntos de Partida” de Juan B. Alberdi, que a su vez también, tomó inspiración mediante el análisis de las constituciones de otras naciones.

Por ello es importante recordar, año tras año, lo crucial que es leer para nuestra humanidad. Porque leer, ya sea una historia infantil o un ensayo académico, es la llave que abre el conocimiento para uno mismo; es la clave hacia poder uno conquistar la libertad de poder pensar de distinta manera que sus pares, y es una libertad que nunca ha de ser violada, ya que, en palabras de George Orwell, y cito: “La literatura está condenada si la libertad de pensamiento perece”. Incluso el refrán que dice “hay que leer la letra pequeña” indica lo crucial de hacerlo: porque donde no lo hagamos, es nuestra ignorancia la que nos condena hacia el ocaso, mientras que lo contrario, es el conocimiento como única vía hacia el crecimiento individual de todos nosotros.

 

La capacidad y gusto por la lectura da acceso a lo que ya ha sido descubierto por otros

– Abraham Lincoln

 

Rodrigo A. Altamirano, estudiante de derecho

Miembro del Equipo de Artículos

Fundación Club de la Libertad

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