Los bienes se producen, no caen del cielo

Por Juan Carlos de Pablo

A través de estas líneas quiero expresar mi público agradecimiento a todas aquellas personas que, a pesar de los riesgos, se siguen ubicando «del otro lado del mostrador».

Me refiero al chofer del ómnibus, a la cajera del supermercado, a quienes producen las pastas, las gaseosas y el combustible que sigo consumiendo. Y también a todos aquellos que hicieron posible que esta edición de LA NACION llegue a las manos de los lectores o a sus celulares. Que yo sepa ningún funcionario puntualizó este hecho elemental: por favor, la próxima vez que compre algo agradézcale al vendedor que no se dejó dominar por el pánico.

Una de Perogrullo, pero que viene a cuento. Los bienes no caen del cielo, sino que los producen seres humanos. Si adoptamos una postura angelical, después no nos quejemos si un día vamos a comprar cosas y no hay. Es fácil licenciar a los empleados públicos, pero me imagino a Mercedes Marcó del Pont buscando desesperadamente cómo reemplazar al personal licenciado para que la recaudación no caiga? más de lo que está cayendo.

Me encantó que el presidente Fernández les dijera a los alumnos que el cierre de las escuelas no implica «vacaciones». ¿Qué inconveniente hay, por parte de personas que se tienen que quedar en sus casas, de dedicar una porción del día a estudiar? Ninguno. Y material para estudiar, a través de internet, sobra. Así que nada de pretextos.

Los seres humanos procesamos de manera muy diferente los mismos riesgos y las mismas incertidumbres. No juzgo a quien, como consecuencia del coronavirus, se tiró debajo de la cama esperando que esto pase. ¡Porque va a pasar, no tengamos dudas! Pero tampoco juzguen a quienes, perteneciendo a «grupos de riesgo», sin cometer actos de irresponsabilidad tratamos de hacer la vida lo más normal posible.

Los médicos consultados por los medios de comunicación están prestando un servicio valiosísimo. Nos dicen: lávese las manos, no se toque la cara, mantenga intactos sus sentimientos, pero frene la efusividad a la que estamos acostumbrados; pero no se dé manija.

La mala noticia es que los próximos dos meses van a ser particularmente complicados; la buena noticia es que casi todos nosotros seguiremos viviendo luego de esta tragedia.

En el mientras tanto, como siempre, pero sobre todo en momentos como este, focalicemos la atención y las decisiones. Que el cisne negro, que los chinos lo hicieron a propósito… Por favor, no se distraiga.

Fuente: La Nación

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