¿Somos una Nación o solo un rejunte de provincias?

Por: Máximo Ruiz (*)

Entre “fiestas inolvidables” en plena cuarentena, entre “selváticos” brasileros, “aburridos” suizos, debates formidables de amorosas docentes y garchadores top (entre miles de otras maravillas), algo tenía que brotarle a uno y así me surgieron varios interrogantes que quizás no tengan que ver directamente con el desarrollo que a continuación expongo, pero como comprovinciano de Jose Benjamín Gorostiaga me sirvió como gatillo disparador para otro tema que creo es uno que está en la base de todo y está postergado : ¿qué nos pasa a los argentinos? ¿Cómo somos los argentinos? ¿Quiénes somos los “argentinos”? ¿Los que gobiernan desde Capital Federal, hablan por los argentinos de Jujuy o de Tierra del Fuego? ¿Qué valores nos rigen? ¿Son los mismos valores en Capital Federal que en la Quiaca o en el Impenetrable Chaco-Santiagueño, por ejemplo?

Nadie descubre nada si dice que hablar de federalismo en Argentina es un romanticismo. ¿Entonces lo que se dice desde la Casa Rosada es comprensivo del gen argentino? ¿La falta de federalismo es exclusivo de la rosca dirigencial política en su conjunto o se extiende a otros ámbitos? ¿Llegado el caso de una decisión que se cree “positiva”, se preguntan si es beneficioso para las personas que viven a miles de kilómetros, casi aislados de la vida civilizada?

Tomando un sector muy importante dentro de la formación de las ideas de los ciudadanos, el periodismo (hablamos del periodismo no autopercibido militante): ¿los periodismos “metropolitanos” se expresan pensando lo que siente o vive un jujeño, un santiagueño u otra provincia del noreste, o lo que realmente interesa al país en su conjunto?; y lo menos importante (¿lo será?), cuando en el exterior dicen que los argentinos no son honestos, no son amables, no son soportables, no son lo delicados que se creía, etc… ¿nos caben esos motes a todos los habitantes fronteras adentro de lo que hoy es Argentina?

Desde otro enfoque, en uno de estos “zoom” actuales, pregunté qué incidencia tiene el federalismo (o la falta de él) en este arrastre histórico de hechos y acontecimientos desde 1853 al presente; el conferencista dijo que hay una falta evidente de federalismo, y acotó que ello también permitía que algunos gobiernos provinciales reciban más de lo que corresponde.

No quise ahondar más por los tiempos exiguos de estas herramientas comunicacionales pero quería repreguntar sobre si justamente esto también es posible por la falta de federalismo, que permite que existan leyes de coparticipación, por ejemplo, dictadas por  las personas que supuestamente defienden los intereses de las provincias, pero que son ungidas en sus jurisdicciones por coacción consciente o inconsciente, más evidente y palpable, según en donde la dependencia a la billetera del gobernador de turno (generalmente vitalicio o en aras de serlo en connivencia o indiferencia del gobierno central) se hace más asfixiante? ¿Somos rehenes del puerto o somos lastre del puerto, o ambas a la vez? ¿El puerto solo, sería la solución o la cuestión pasa más por un posicionamiento axiológico y de estrategia de País que cuaje en Nación que por una idea de mera geopolítica con cosmética de “nacional”?

Otra vez supe preguntar algo así como que ¿“cómo nos veían (como país) las potencias actuales en materia de ciberseguridad?” y el experto en la materia, que vive en Capital Federal, si bien no me contestó directamente la pregunta, rodeó el tema, dándome a entender que en Argentina (Capital Federal casi exclusivamente) hay expertos y recursos como para hacer de la Argentina un país de vanguardia en el tema… Es verdad que cuando se vive en Capital Federal se siente como que vives en un país medianamente de los top ten (Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires), sobre todo cuando se vive más o menos bien, ahora eso creo que no haga mal a nadie, pero que una persona que tenga injerencia con el pensamiento o el bienestar de toda la población, no tenga la más pálida idea de lo que sucede allende la General Paz y solo toquen de oído sobre las necesidades de las 3 o 4 provincias más importantes, será beneficioso para el País en su conjunto?

¿Esto sucede con gobiernos nacionales de un solo signo partidario? ¿Qué actitud o postura toman aquellos que dicen defender la Constitución Nacional del 53/60 y sus valores fundantes que se mantienen incólumes a pesar de las reformas que aún hoy, pretenden desterrarlos? ¿Los que se dicen republicanos, son también en la misma medida, “federales”? ¿Se puede ser lo uno sin lo otro?

¿Hay una Culta y rica Capital Federal (dentro de un contexto de cada vez menos culta y menos rica) y un pobre e inculto país interior (cada vez más también)? ¿Sí? ¿no? ¿Por qué? ¿Soluciones? ¿Sugerencias? ¿Alguien se anima a plantear el debate?

¿Será que los exabruptos y las extralimitaciones en general de algunos son en realidad parte integrante de un ADN metropolitano petulante y altanero, con alguna base quizás en alguna época de fulgor pero que ya no tiene ton ni son?  ¿Será que otros más cautos no se animan a expresarlo o son más astutos, sabios, elegantes o inteligentes? ¿O tal vez no piensan así, pero miran hacia otro lado o solo se dicen federales de la boca para afuera? ¿Será que en realidad las casi veinte provincias son un lastre irremediable para Capital Federal y otras 3 o 4 provincias? ¿Las provincias de Cuyo, del Norte, del Litoral y del Sur son un lastre realmente o pueden ser usinas productivas si hay reglas claras, si hay justicia, si hay seguridad jurídica, si hay libertad…?

¿Que los habitantes de las más o menos flacas metrópolis del interior sean inocentes? No creo, pero tampoco se puede hacer mucho si en lugar a comenzar a rever la situación se la alimenta. De una u otra forma, estamos cada vez más cerca de 1853 en lugar de buscar un lugar en el espectro mundial de cara a mediados del Siglo XXI. Estamos más cerca de volver a pelear como unitarios contra federales que de plantearnos que postura adoptar, como País y como Nación (si así lo pretendemos), frente a una nueva conformación del mundo en donde los viejos Estados tradicionales (salvo las grandes potencias) tienden cada vez más a esmerilar sus capacidades de cara a ofrecer alternativas conducentes para que los ciudadanos sean constructores, y a la vez responsables de sus destinos, frente a nuevas metas o supra estados transnacionales o a regionalizaciones (y hasta posibles guetizaciones voluntarias e involuntarias) en donde la tecnología dominará la vida de las personas, en donde estaremos frente a nuevas teorías políticas, nuevas formas de economías, nuevas instituciones y nuevos estados, en donde la libertad, la paz y la soberanía estarán en juego, es decir, si no nos hacemos fuertes puertas adentro, nos desangrarán los de afuera y la pagarán nuestros hijos y nietos y las demás generaciones.

Mientras cada uno de nosotros sigamos mirándonos el ombligo y pensando que somos los criollos más vivos, que los que dominan el puerto pueden decir y hacer lo que quieran, asfixiando y expulsando a los emprendedores, cerrándonos al mundo y sobre poblando los centros urbanos más importantes, por un lado, y posibilitando cada vez más la aparición de feudos provinciales, por otro, la Inteligencia Artificial dominará el mundo y a nosotros nos encontrará en el limbo eterno de porteños versus interior.

El tema de las actitudes de quienes gobiernan seguramente tiene otras aristas de fondo como lo aclaré al comienzo, solo pretendo muy modestamente invitar a pensar, y si se estima conveniente, que alguna persona importante ponga a debate sobre si nos sentimos realmente una nación o si por el contrario no queda otra que pensar en otro proyecto de País o lo que fuere, pero que sea cuanto antes así el nuevo mundo nos encuentre de pie para enfrentar lo que se viene sino será como un tsunami que nos pasará por arriba, con el agravante que hace rato la ola nos avisa que el barajar y dar de nuevo se acerca y nosotros seguimos peleando por el pedazo más grande de una torta cada vez más escuálida; al respecto, en una entrevista a Julián Assange le preguntaron sobre su visión del futuro de la humanidad a lo que respondió que si bien no puede hacer futurismo, con el avance de la tecnología, las sociedades cambian cada vez más rápido justamente por esta vorágine tecnológica y que tenía temor de que los seres humanos no nos demos cuenta de ciertas cosas y que cuando queramos tomar las decisiones ya sea demasiado tarde.

La solución y la responsabilidad es de los capaces, no de los incapaces; la solución y la responsabilidad es de los que tienen límites, de los prudentes, de los educados, de los inteligentes y sobre todo, de los proactivos y de los gallardos, no de los orcos salvajes y cobardes que solo tienen en mente “ir” por todo; ni de los “políticamente correctos” que a pesar de tener que atravesar un complicado camino hacia el sol en el horizonte, deciden navegar constantemente en aguas agitadas de por vida, dejándose llevar por el viento dominante y con una tormenta permanente acechando en ese rumbo.

(*) Máximo Ruiz

Abogado

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