Alcanzar la felicidad. Por Octavio H. Cejas.

No se hablará sobre “qué es la felicidad”, dado que la cuestión que nos importa es, en realidad, el cómo llegar a ella, y citando a Séneca “Todos […] quieren vivir felizmente, pero a la hora de distinguir qué es lo que lo hace feliz en la vida se hallan a oscuras […]”.

Entonces surge la pregunta de la que me haré eco hoy, ¿cómo se alcanza la felicidad?

El hombre, de por sí, tiende  a angustiarse y preocuparse de sobre manera por las cosas más simples de la vida y, ante esto, solo puedo pensar en Anaxágoras, quien al ser preguntado para qué alguien elegiría vivir respondió “para contemplar el cielo y las cosas que hay en él, los astros, la luna y el sol”, respuesta simplista y poética, pero sin dudas preciosa.

No niego que, dadas las circunstancias, uno no pueda sentirse abrumado o incluso triste por las cosas que nos pasan. Eso es inevitable. Lo que quiero que nos planteemos es la necesidad de la amargura que muchas veces acarreamos y acumulamos a lo largo del tiempo. Creemos que todo debe de salir perfecto, que debemos de hacer todo en el mismo instante, nos ahogamos en cosas sin ser felices haciéndolas.

Ya lo decía Séneca “¿qué cosa inmortal han hecho unas manos mortales?”, pregunta de la cual podemos sacar dos significados.

El primero, que inevitablemente el hombre, al igual que sus creaciones, es efímero, somos solo una pequeña parte del mundo, en el infinito correr del tiempo, que nunca se va a parar, ni mucho menos a agotar, por lo que sin importar las cosas que hagamos, inevitablemente nos iremos de aquí. Séneca cita como ejemplo las siete maravillas del mundo y afirmaba que en algún momento de la historia no serían más que simples ruinas.

El segundo, y ya como interpretación mía, es que el hombre, al ser un ser totalmente imperfecto y plagado de errores (mortal), jamás podrá hacer un objeto perfecto o ideal (inmortal). Debemos de entender que el “perfecto” es un ideal imposible de conseguir y, por consiguiente, sólo logrará abrumarnos por el resto de nuestras vidas. Entonces no debemos de buscar lo “perfecto” sino lo “adecuado”, algo mucho más razonable y alcanzable para nuestro propio ser.

¿Qué tiene que ver el objetivo perfecto o el adecuado en cuanto a la felicidad? Todos hemos estado agotados o frustrados porque un proyecto no terminaba de convencernos, porque no se asemejaba a nuestro ideal, porque no era perfecto.  El día en que comprendamos que la perfección no existe (dada la imperfección natural del ser humano), viviremos con menos estrés, más tranquilos.

Otras tantas veces, creemos que la felicidad depende de los objetos materiales, cuando lo único que sucede es que luego de alcanzar dicho objeto, nos damos cuenta de que nuestra felicidad ha sido solamente momentánea, y después de un corto periodo de tiempo, nos volvemos a sentir vacíos.

Entonces… si a la felicidad no se llega mediante la perfección y mucho menos por los objetos, ¿cómo se llega?

Ya lo decía Aristóteles, la felicidad no depende tanto de poseer muchos bienes (y agregaré, tampoco de la perfección o de nuestra perdurabilidad) como del estado en que se encuentra el alma. Enfoquémonos en eso, en cuidar nuestra alma. Hagamos caso a las lecciones dadas por los filósofos que nos preceden en la historia, aprendamos de ellos, busquemos que nuestro efímero paso en la tierra logré ser lo más placentero que podamos, disfrutando de las pequeñas cosas y, siguiendo a Anaxágoras, disfrutemos especialmente del cielo y de las cosas que hay en él.

 

Octavio H. Cejas, estudiante de Derecho, UNNE.

Coordinador del Equipo de Artículos de la Fundación Club de la Libertad.

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