Es hora de recordar el espíritu de los hombres de mayo de 1810 ¿Se hace necesaria una nueva representación de los hacendados?

1810   – 25 de Mayo – 2021

Disquisiciones personales con motivo del 25 de Mayo.

Este 25 de mayo de 2021, al cumplirse doscientos once años, de la constitución del Primer Gobierno Patrio nos encontramos como Nación en una delicada situación que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué hemos aprendido a lo largo de nuestra historia? ¿Se hace necesario recordar el espíritu de los hombres de Mayo? ¿Es necesaria una nueva Representación de los Hacendados?

La Argentina actual se encuentra sumida en una profunda crisis institucional, económica, moral y sanitaria. Las autoridades constituidas no encuentran el rumbo, no dan la talla, lamentablemente y el pueblo, librado a su suerte, desamparado y desconcertado busca comprender lo que sucede y solo atina a protegerse, torpemente en algunos casos, de la mejor manera posible de los múltiples inconvenientes que debe sortear cada día.

La crisis institucional, de larga data, que se manifiesta en la administración pública, en cualquiera de sus estamentos y se agrava aún más con el accionar de un Poder Ejecutivo Nacional que intenta inmiscuirse permanentemente en los otros dos poderes; con un Poder Legislativo Nacional que lejos de honrar la división de poderes confunde Estado de Derecho con mero Estado de Legalidad, y sus miembros buscan aprobar a como dé lugar una Ley de Procuración que afecta la independencia de los fiscales y hasta se cierne sobre el mismo la presión continua de una pretendida aspiración del ejecutivo nacional de ostentar la suma del poder público en una abierta y franca violación al Art. 29 de la Constitución Nacional. Demás está decir que a esta altura no deberíamos ni remotamente estar hablando de dicha posibilidad; vedada constitucionalmente de manera contundente. Pero aquí todo es posible y la seguridad jurídica no es justamente uno de los fuertes de nuestro país. El Poder Judicial Nacional es blanco de muchos ataques infundados y es interpelado constantemente como si sus decisiones estuvieran sometidas a un plebiscito, y para colmo de males, desafortunadamente, muchas veces la demora en la emisión de sus fallos contribuye el sentimiento colectivo de falta o ausencia de justicia y porque no decirlo, también hay quienes deshonran la magistratura.

La crisis económica, ya no nos causa siquiera sorpresa, ya que somos eternos resilientes frente a una larga secuencia de fracasos económicos, producto de malas decisiones, de un desproporcionado y excesivo gasto público y de una insoportable presión fiscal y tributaria, que hace inviable cualquier crecimiento individual o colectivo. A lo que se le suman, por estos días, no solo restricciones horarias para ejercer toda industria lícita, sino restricciones para ejercer el comercio exterior libremente, bajo pretextos que no alcanzan a disminuir el impacto de la impericia gobernante; muy por el contrario nos retrotrae a un pasado reciente (2006) en el que el ataque al sector más pujante del país dejó un saldo negativo para todos. Salvando las distancias históricas viene a mi mente el documento económico más relevante de Mariano Moreno y me pregunto a doscientos doce años de su creación, en la Argentina de hoy ¿se hace necesaria una nueva representación de los hacendados? ¿Acaso la sociedad misma debe reclamarla o hasta ejercerla? No salgo de mi asombro al ver y comprobar que el Gobernador de la Provincia de Corrientes, una de las provincias ganaderas por excelencia, no hizo más que escribir un escueto tuit sobre la necesidad de corregir la decisión del Presidente de la Nación al restringir las exportaciones de carnes. ¿Acaso es así como cree que representa a los suyos? Aún, cuando hubiera sido insuficiente, una solicitada hubiera salvado la ausencia estrepitosa, de la voz que debía erigirse como una de las más altisonantes a nivel provincial y nacional ante la Resolución N° 75/2021 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

La crisis moral a la que nos enfrentamos ha puesto de manifiesto la existencia de dos grandes sectores bien diferenciados por un abismo insalvable. Los que quieren vivir conforme los valores y principios que se les ha inculcado desde la más tierna infancia y que han sabido transmitir a sus hijos, los que creen en el esfuerzo propio, en el ganarse en sustento a fuerza del trabajo, que no desdeñan la ayuda estatal, cuando se hace necesaria, pero saben que no es la manera de salir adelante y hasta sienten vergüenza de recibirla y los que amparándose en el pretexto de ser los más desvalidos de la sociedad, exigen y reclaman que el Estado les resuelva su existencia y se conforman con sustentar gobiernos populistas, que justifican la falta de civilidad, hacen del atropello su bandera y los llenan de resentimiento por los que más tienen, los que guiados por un amor ciego e incondicional hacía líderes carismáticos, que no hacen más que sumirlos en la absoluta dependencia, destruyendo su dignidad y capacidad de reacción y hasta quitándoles el orgullo personal que lleva a los hombres a luchar por su propia superación; no hacen más que condenar a su descendencia al fracaso y a la pobreza extrema y no hablo de la pobreza material solamente.  Y lo que no debemos olvidar es que en los cargos públicos tenemos representantes de uno y otro sector, por lo que se hace imprescindible apelar al respeto y a la honestidad.

Una crisis sanitaria frente a una pandemia global que no alcanza a contenerse, en gran parte por la falta de idoneidad y de previsión de las autoridades nacionales, de un exceso de confianza en un líder que no sabe qué hacer ni cómo ni cuándo ejercer las facultades constituciones que le competen. Que utiliza cualquier escenario para despotricar contra los anteriores gobernantes sin siquiera reparar en que ya hace más de un año y medio que detenta la presidencia y que la fuerza política a la que representa gobernó doce años en forma ininterrumpida, antes del breve lapso de cuatro años del mandatario anterior, que en honor a la verdad nos dejó sabor a poco. Su falta de autocrítica es rayana al descaro y exaspera a cualquier ciudadano, que necesita actos de gobiernos concretos y asertivos. La pandemia no ha hecho más que exponer un sistema de salud abandonado por el Estado, cuyas consecuencias no son más catastróficas gracias a los miles de médicos y enfermeras que suplen a costa de su propia integridad física las deficiencias de lo que debiera ser uno de los pilares irrenunciables de la vida democrática. La salud pública, nunca antes, estuvo tan cuestionada y se hace imperioso corregir las inequidades entre unas provincias y otras. Se hace necesaria una reforma integral que garantice de manera real y efectiva la salud para cualquier argentino, existan o no situaciones amenazantes como las que nos toca sortear en el presente.

En este escenario sombrío es cuando debemos retrotraernos al espíritu que iluminó a los hombres de mayo y debemos exigir a nuestros gobernantes locales, provinciales y nacionales que gobiernen conforme lo establecen los principios republicanos y federales, conforme lo establece la Constitución Nacional Argentina y debemos asumir nuestro rol ciudadano, no solo, a la hora de emitir el sufragio.

Que en este año, que estará signado por campañas políticas, en busca de empoderar a los gobernantes que debieran representarnos no nos dejemos sorprender por meras promesas proselitistas; por el contrario aprendamos a exigir auténticos planes de gobierno, detallados y con plazos de ejecución que a largo plazo puedan ser auditados por la ciudadanía.

Es el momento de ejercer ese poder ciudadano que nació aquel 25 de Mayo de 1810, sin desconocer que quienes nos gobiernan son nuestros representantes y que cuando los mandatarios no cumplen con los mandatos que se le fueron encomendados deben ser reemplazados. No debemos olvidar que nuestro fundador, el General Manuel Belgrano, el 24 de mayo de 1810, en un fervoroso acto de arrojo y patriotismo exclamó: «¡Juro, a la patria, y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese sido derrocado; á fe de caballero, yo le derribaré con mis armas!».

A doscientos once años del primer grito de libertad alcemos nuestras voces por una Argentina libre y soberana y desterremos, por las urnas, por las armas jamás, de una vez y para siempre de los estamentos públicos a quienes la hieren y deshonran. Viva la Patria!!!

María Belén Blanco

Abogada.

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