Las ideas y la Segunda Guerra Mundial

Por: Niveyro Marco.

El 1 de septiembre de 1939 Adolf Hitler invade Polonia. Esta es la acción bélica que inicia la Segunda Guerra Mundial, dando comienzo a la contienda bélica más devastadora que la humanidad jamás ha conocido.

¿Quién era Hitler y cómo llegó al poder? ¿Qué fue la Segunda Guerra Mundial?

Aquí tal vez uno de los casos más paradigmáticos, como es el caso de Alemania. El libro de “Peter Watson, The German Genius” sobre la Historia Cultural, nos muestra el aporte y la contribución que, según él, hizo el mundo alemán al desarrollo de la modernidad. Peter Watson en este libro nos dice que ninguna cultura contribuyó más a definir el mundo moderno, como lo hizo la alemana. Piénsese que en 1930, antes que llegara Hitler al poder, Alemania tenía más premios Nóveles que Inglaterra y EEUU combinados, la mitad de la literatura científica se escribía en alemán, así como también la música, la filosofía, etc. Sin embargo, Alemania se sumerge en el caos más absoluto y la barbarie más primitiva. ¿Cómo fue posible eso? Obviamente hay muchos factores, pero uno de los centrales fueron las ideas.

Esto lo dice Hayek en su obra, “Camino de Servidumbre”;

Las doctrinas del nacionalsocialismo son la cima de una larga evolución ideológica, de un proceso en el que han participado pensadores que ejercieron una gran influencia mucho más allá de las fronteras de Alemania. Se piense lo que se quiera sobre sus premisas de partida, lo cierto es que los hombres que engendraron las nuevas doctrinas, escritores vigorosos, han dejado la impronta de sus ideas sobre el pensamiento europeo entero. Desarrollaron su sistema con rigurosa consecuencia, y una vez que se aceptan las premisas iniciales no es posible escapar a su lógica. Es, simplemente, el colectivismo, libre de todas las huellas de una tradición individualista que pudiera embarazar su realización.”

Lo que nos está diciendo Hayek cuando explica el fenómeno del nacionalsocialismo en Alemania, es que, fundamentalmente, lo que ocurrió fue que los intelectuales, durante más de un siglo, fueron demoliendo los principios esenciales del individualismo que había desarrollado el cristianismo, que había consolidado el renacimiento y obviamente el liberalismo anglosajón. Ello llevó a un colectivismo y a un estatismo cada vez más creciente.

Otto von Bismark, a finales del siglo XIX, llevó adelante en Alemania, un esquema muy colectivista que fue el que derivó en la unificación. Él hablaba de socialismo de Estado para hacer dependiente a la población alemana de este último, de manera que estén más dispuestos a apoyar el proyecto imperial. Creó un sistema Crony Capitalism, o Capitalismo clientelista, como el de seguridad social, aquí también nace el sistema de reparto, que tenemos hasta el día de hoy. Gran parte de este sistema se mantuvo en la República de Weimar, un Estado de bienestar muy generoso. De hecho, una de las razones por las que quiebra el gobierno de Weimar, más que las reparaciones de guerra que legaron de la Primera Guerra Mundial, que obviamente fue uno de los factores determinantes, fue porque no pudo hacerse cargo del enorme gasto social, lo cual se demuestra en un estudio publicado por University Press. Entonces colapsa el Estado de bienestar, se sucede una hiperinflación y, claramente, todo esto fue leña para movimientos populistas radicales de izquierda. Como bien sabemos, luego de eso el país sucumbió al nacionalsocialismo de Hitler, acompañado por la gran crisis económica durante el período de entreguerras.

En este punto, pensar en la Segunda Guerra Mundial nos crea la necesidad de reflexionar sobre lo que es una tragedia. Recordemos lo que fue la década de 1930, Europa se sumía en los totalitarismos, Stalin en Rusia (país, que por lo demás, de 1917 al 30 ya venía asesinando civiles), Mussolini en Italia, Franco en España, EE. UU. atravesaba el desplome de la Bolsa de Wall Street, de la cual le costó casi 10 años poder salir. En este sentido Hitler parece ser un problema más de los que el mundo en ese momento tenía; sin embargo afirmar esto es erróneo, puesto que, como dije al principio, con él se desata la guerra. La cosa no termina ahí, ya que en Oriente, China, se atraviesa una cruenta guerra civil, y Japón, el país más avanzado de Oriente, también se sume en el totalitarismo, con lo cual cada uno de estos escenarios nos presenta a su vez lo que serán los distintos frentes de batalla una vez desatado el conflicto.

Me interesa analizar el último escenario que nombré. En 1939 al eje Roma-Berlín se le suma el Japón de Hirohito. Japón quiere “librar” a sus vecinos, es decir a las colonias europeas orientales del yugo de occidente. “Asia para los asiáticos” rezaba el logo de la propaganda nipona. Ya en 1931 habían comenzado la invasión a China, que continuó en 1937, con sus sucesivas masacres, como la de Nankín (dos años antes de la invasión alemana sobre Polonia, los japoneses ya estaban masacrando civiles y presos militares). Cuando Alemania ocupó Francia, Japón tomó posesión de la indochina francesa, a esto le sobrevino un bloqueo comercial y un embargo de petróleo por parte del gobierno de EE. UU., presidido por F. D. Roosevelt. La única salida de Japón es retroceder o ir a la guerra, optando por la segunda opción atacaron la base norteamericana de Pearl Harbor en Hawái, en diciembre de 1941. Inmediatamente Roosevelt les declara la guerra. Tras Pearl Harbor, los japoneses invaden Hong Kong y, en cuestión de meses, lo hacen también con Singapur, Birmania, Tailandia, las Indias Orientales holandesas y las Filipinas. Una especie de tsunami o guerra relámpago a la japonesa. La bandera del Sol Naciente ondea sobre prácticamente gran parte del Pacífico.

Es interesante analizar que las invasiones de Japón no difieren mucho de lo que fueron las invasiones europeas a fines del siglo XIX en el África u otras partes del globo, donde prácticamente con regla las potencias europeas se dividían alguna parte del mundo, como lo demuestra el reparto de África en la conferencia de Berlín. A excepción claro que Japón iba motivada por una ideología totalitaria y sanguinaria. Si bien es cierto que intelectuales, como Femando Díaz Villanueva, sostienen que el racismo japonés es el mismo que inspiraba a las potencias occidentales durante el último cuarto del siglo XIX donde, como decía antes, se decidieron el reparto de África y gran parte de Asia. Pero creo que no debemos caer en confusiones, sí es cierto que el reparto discrecional e indiscriminado es algo común tanto en Japón como en las potencias occidentales, pero, y esto es muy importante tener en cuenta, no se puede comparar la ocupación japonesa en Hong Kong con lo que fue la ocupación británica en Hong Kong, como si fueran partes de un mismo proceso colonialista. Actualmente, Hong Kong es lo que es y logró lo que logró, por ese legado institucional propio de la administración inglesa en la isla; el mejor ejemplo es la revolución de los paraguas amarillos de los jóvenes hongkoneses, sin mencionar que Hong Kong está entre los primeros países con mayor libertad económica. Sin embargo, la ocupación japonesa solo trajo hambre, miseria y mucho terror sobre la población civil.

El terror japonés en el pacifico se zanjaría con la posterior batalla de Midway, en la cual Japón perdió sus cuatro portaaviones que puso en combate. Un gran destrozo, puesto que a la gran flota imperial japonesa ya solo le quedaban dos. Además perdió 248 aviones y más de tres mil hombres, entre los que se encontraban experimentados pilotos. Los norteamericanos, sin embargo, solo perdieron uno de sus tres portaaviones, el Yorktown, también perdieron un destructor, 150 aviones y 300 hombres. Gracias a esta victoria de EE. UU., la expansión japonesa por el Pacífico se detuvo, aunque la marina nipona continuó luchando con ferocidad, incluso frente a la supremacía naval de los Estados Unidos. Midway sería un punto de inflexión en la contienda, dando a los norteamericanos la iniciativa estratégica. La victoria aliada era solo cuestión de tiempo.

Midway no supuso solo una batalla, supuso la efectividad de una economía de guerra, pero asentada en una interacción de personas, operando de forma libre y consciente. Se sostiene que la Segunda Guerra Mundial la ganaron los aliados porque los soviéticos pusieron la sangre, Reino Unido la determinación y EE. UU. el dinero, sin este último los otros dos no son posibles. Es decir, la guerra la termina ganando el capitalismo americano. Téngase en cuenta que las fragatas de EEUU se ponían en marcha en 27 días, y que podían fabricar un carguero a velocidades insospechadas. Los Liberty Cheaps, que eran barcos mercantes, se tardaban en construir en, aproximadamente, 20 días. Los propios tanques Sherman, de los que se decía eran inferiores a los Panzer o al Tiger alemán, que efectivamente lo eran, pero donde Alemania ponía un Tiger, EE. UU. ponía 15 Sherman. Al final esa productividad fue tal, que no solo pudo armar su ejército, ayudó al británico y al soviético.

Estas fueron las condiciones que hacían muy difícil ganarle a EE. UU., tenía una enorme capacidad de producción. Sus reservas no tenían que buscarlas por todo el globo, el petróleo lo tenían en Texas. Además bien administrado, puesto que el gobierno a través de los bonos de guerra tiene mucho dinero en sus manos y puede poner a su sistema a fabricar en serie una cantidad de armas contra las que el eje no puede oponer nada. En Midway, los Kamikazes japoneses le hunden un destructor a EE. UU. y en solo tres días ya tenían otro de respaldo; y lo mismo se aplica a las reservas humanas, Estados Unidos era un país mucho más poblado y que además podía seguir produciendo comida sin miedo a que le bombardeasen. Todo gracias a su sistema económico. En los países donde imperaban los totalitarismos lo que existe es socialismo de guerra, y bien está comprobado que ese sistema no produce beneficios ni en tiempos de guerra ni en tiempos de paz.

Niveyro Marco.
Coordinador equipo de Homenajes.
Fundación Club de la Libertad

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