PANDEMIA

Por Diego Lopez Colombo

Cada uno vive de acuerdo a sus principios, valores, objetivos. Desde el mas virtuoso hasta el mas ruin de los seres humanos. Todos tenemos alguna respuesta para los interrogantes esenciales de la vida, pero también para las cuestiones cotidianas. Vivimos de acuerdo a nuestra visión y sentido de la vida, elaborada en forma consciente o inconsciente.

En tiempos de crisis, como el que vivimos, es ineludible revaluar nuestras premisas. Toda verdad se pone en duda, todo concepto, valor o principio es sospechoso y debe ser interpelado a fondo. Es fundamental dar respuesta a cada interrogante, pero creo que es tanto o mas importante hacernos las preguntas correctas.

¿QUÉ CAMBIA EN UNA PANDEMIA?

El cambio fundamental es que los seres humanos estamos frente a una nueva amenaza con la particularidad de que cada uno de nosotros puede ser foco de contagio para nuestros vecinos. Es decir que de pronto cada uno es una amenaza potencial para la sociedad si no se toman las precauciones necesarias. Claramente ha cambiado el contexto social.
Esto produce sin dudas innumerables interrogantes respecto de las reglas o principios que deben regir en un sistema social apropiado.

¿CAMBIAN NUESTROS DERECHOS?

No. Los derechos individuales (no existen otros derechos más que los que se desprenden de éstos) son la base fundamental de toda sociedad civilizada.
Un derecho “es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social” (AYN RAND).
Estos son: derecho a la vida, del cual se desprenden; el derecho a la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad.

Si ha cambiado el contexto social, ¿cómo es posible que no hayan cambiado nuestros derechos?
Los derechos no son concedidos por ninguna entidad, ni dependen del contexto, ni son condicionados por las circunstancias. Un principio que se deriva de los derechos es que todos tenemos los mismos derechos y cada uno puede ejercerlos en la medida que no afecte los derechos de los demás.
En este caso ha cambiado el contexto. La proximidad entre las personas y el contacto directo o indirecto puede ser una amenaza para todos. La libertad de acción no está disociada de la realidad, es justamente la realidad la que nos indica si una acción afecta los derechos de los demás. Esto claramente obliga a cambios de hábitos y restringe nuestra libertad de acción, pero no nuestros derechos.

¿CAMBIA EL ROL DEL ESTADO?

No. Este es un punto primordial. El estado tiene un rol importante en este caso, porque es un tema de seguridad nacional. Se deben tomar medidas para prevenir los contagios, para ello se deben controlar las fronteras y hacer respetar las nuevas pautas de convivencia. El rol sanitario del estado debe ser similar a las prestaciones médicas en una guerra, y estar fundamentalmente bajo la órbita del rol principal que es la seguridad nacional.

EL MAYOR PELIGRO DETRÁS DE LA PANDEMIA

El repentino, y genuino rol del estado, en una situación como la pandemia lo pone nuevamente en el centro de la escena. A los ojos de todo estatista ésta es una confirmación irrefutable de que el estado debe estar siempre presente. De que nuestra vida, nuestra salud y nuestra economía depende de él. Y que las intervenciones estatales en todas las áreas están sobradamente justificadas.
Es un contexto ideal donde las ideas colectivistas/estatistas proliferan exponencialmente si los principios no son interpretados correctamente.

Se asume que el “sistema de salud” es el que provee el estado y que las prestadoras privadas de salud son una especie de molestia o competencia en la cual uno tiene que caer desgraciadamente cuando el estado no cumple con su función de proveer salud “gratuita y de calidad”.
Hasta nos podemos sentir culpables de no haber aportado mas recursos a la salud pública.

Esto es muy preocupante y es un gran error que también cobra vidas y nos ha sumergido en la pobreza año tras año. Lo cierto es todo lo contrario. La correcta visión de lo que sucede es ciertamente opuesta.

En nuestras sociedades las funciones del estado se han extendido absurdamente hacia otras áreas que no le corresponden, descuidando sistemáticamente las que sí le corresponden que son Seguridad y Justicia.
De esta manera las funciones básicas del estado se han degradado y desprestigiado sustancialmente. Al mismo tiempo las áreas invadidas por el estado están sensiblemente debilitadas, como ser la economía, la producción, la salud, la educación, la tecnología, etc.

Así es que una pandemia nos encuentra debilitados en ambos frentes, en las funciones del estado y en los recursos que las personas tenemos para hacer frente a este tipo de calamidades.

Si el Estado no se hubiera distraído de sus funciones básicas, si no hubiera dilapidado nuestros recursos, una pandemia nos hubiera sorprendido infinitamente mejor preparados.

¿QUE CONCLUSIONES NO DEBEMOS SACAR DE ESTO A TITULO PERSONAL?

En la vida no hay que elegir entre lo material y lo espiritual en términos absolutos. Requerimos ambos tipos de valores. Ahora seguramente valoramos aquello que se nos hizo mas escaso, como un abrazo o una reunión entre amigos o un paseo por el parque. Pero también valoramos aquello que tanto fue criticado como las redes sociales o los contactos virtuales.

No debemos culparnos por no haber valorado lo que en su momento estaba al alcance de la mano pero ahora resulta escaso.

La esencia de la vida y de la ética es sopesar valores, costos, objetivos de corto, mediano y largo plazo. Nuestra escala de valores debe adaptarse también a la escasez. Ahora estamos viviendo una pandemia. Es absurdo vivir como si no existiera, pero también lo es fijar nuestra escala de valores asumiendo siempre un contexto de catástrofe.

APRENDIZAJE

El mejor aprendizaje que podemos sacar de esta terrible crisis es comprender que el estado no debe apartarse de sus funciones de seguridad y justicia. Entender que, en dicho contexto para un ser humano no hay nada mejor que otro ser humano. Que la mutua colaboración, la empatía, la producción, el desarrollo y en definitiva, la felicidad son el resultado natural de una sociedad civilizada. Que la racionalidad es nuestra principal virtud y que la libertad es nuestra forma de ejercerla.

Seguramente luego de esto valoraremos mas la libertad, pero espero que sea por las razones correctas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.