Pobreza, un enfoque erróneo

Por Enrique Esteban Arduino*

 

Es una costumbre de las Naciones Unidas crearle un día a toda situación de la sociedad; por ejemplo hoy, 17 de octubre, es el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Un cronograma tan completo como ineficiente; es bueno poder recordar, pero más bueno sería obtener resultados y dejar de consumir ingentes recursos que, en este caso en particular, colaborarían en la resolución del problema. Es obsceno que el costo de un solo traje de sus funcionarios proveería el alimento necesario por un año a cientos de familias; ni que hablar de sus sueldos, para conformar emprendimientos que representen una fuente de ingresos sustentable para quienes se vean afectados.
Ésta fecha se celebra desde 1993 y tiene el propósito de “promover mayor conciencia sobre las necesidades para erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países”. Es paradójico, en nuestro País, que coincida con la fecha fundacional del movimiento que más hizo en la historia argentina para instalar la dependencia del Estado y la pobreza entre la ciudadanía. No creo en casualidades, sí en causalidades.
Todos los planes de distintas organizaciones, gubernamentales, no gubernamentales o supranacionales, no han tenido el éxito previsto dado que parten del desconocimiento de la situación natural del Hombre: La Pobreza, el individuo nace pobre. Lo que se debe discutir no es la pobreza, y por ende la redistribución de riqueza, sino la generación de riqueza y que los medios para realizarlo estén al alcance de todos los individuos. Todo plan o proyecto está condenado al fracaso si la Falacia de Montaigne -Mises dixit- es su norte.
No se trata de igualar a los desiguales, se trata de aplicar sentido de justicia en el acceso a los medios de generación de riqueza, no de expoliar a algunos en beneficio de otros. Bueno, debo reconocer que los Gobiernos y el Estado son muy hábiles en esta última cuestión, la de la expoliación, se sobrentiende.
El estado de pobreza que afecta a una persona es la circunstancia de pérdida total o parcial de su dignidad. Es curioso, generalmente y más cuando nos genera una ventaja tendemos a confundir causa y efecto, y este es uno de ellos. Hambre, enfermedad, carencia de educación formal, privación de vivienda, falta de ingresos sustentables en el tiempo, son consecuencias. La causa es la ausencia de dignidad, las más de las veces por imposición y no por opción propia.
Habitualmente estos programas son generados por organizaciones que están integradas o dependen de los gobiernos de los países afectados por este azote. Y como los mismos son los principales responsables del problema, más se parecen a un maquillaje basado en el asistencialismo y no a un verdadero plan de asistencia y reivindicación de los afectados. Gobiernos corruptos e ineficientes nunca pueden ser parte de la solución, porque en realidad son la fuente del problema. Y no deberíamos confiar en planes mágicos de burócratas aconchabados en estas organizaciones supranacionales, nadie atentaría contra su fuente de financiamiento. Al fin y al cabo, nadie esputa hacia el cielo.
Basados en datos del Word Bank y Bourguignon & Morrison, en 1820 sobre una población mundial de 1000 millones de habitantes, más del 95% eran pobres de indigencia. En 2015, dicho índice se redujo al 10%, 700 millones sobre una población mundial de 7000 millones. Estos guarismos nos interpelan sobre dos cuestiones fundamentales: ¿Puede seguir reduciéndose la Pobreza con los métodos actuales, sin tener en cuenta los componentes religiosos, políticos y étnicos que en ella influyen? ¿Qué fue lo que produjo tan drástica reducción de los ratios de pobreza?
La respuesta a la primera pregunta es clara y contundente: no. Este remanente sólido y estructural de indigencia es consecuencia de elementos religiosos, políticos y étnicos, más que a falta o desigualdad de oportunidades.
En la India, Los Dalits, Intocables o Descastados, no pertenecen a ninguna Casta y nunca pueden subir socialmente por cuestiones religiosas, siendo lo más inaceptable que ellos mismos admiten y lo tienen como principio de vida a este condicionamiento, pese a vivir con menos de medio dólar por día. Y son 205 millones. Ya en occidente, religiones que hacen una “opción” por los pobres, son una seria rémora para la reducción de los mismos. Igual que los funcionarios, ¿cómo justificarían su existencia y el dinero que manejan en este asunto si los pobres desaparecen? Es de manual, el del buen populista.
La política tiene su culpa, aunque la enmascare. 182 millones de chinos viven con menos de un dólar por día y con serios problemas medioambientales. Sin embargo, los amigos del poder concentran el 25% de la riqueza, siendo solo el 1% de la población.
280 millones de personas, más del 25% de la población de África, viven con menos de un dólar por día. Y pertenecer a una u otra etnia tiene gran influjo a que pueda pasar a integrar este grupo. El pensamiento mágico predominante, las luchas tribales y étnicas, y la corrupción gubernamental generalizada, entorpecen la implementación de programas de mitigación de la pobreza.
El gran dilema que se nos presenta entonces es ¿debemos resignarnos a esta realidad, aceptar esta condena a una vida corta, indigna, llena de privaciones para millones de individuos? ¿O existe una mirada distinta, acertada, que nos permita darles una luz de esperanza?
Afortunadamente debo decirles que sí, y es la misma que permitió la monumental caída de los índices de pobreza desde 1820 hasta ahora: La Libertad Económica. Ya es hora de cambiar de métodos si queremos obtener resultados diferentes, virtuosos, eficientes. La Agenda 2030 de la ONU está condenada a recorrer el mismo camino de fracaso, dispendio y desilusión que todos los proyectos anteriores. Lleva en su misma concepción el gen de su fracaso, seguir confundiendo causa con efectos, no identificar correctamente los actores y causales del asunto.
Empero, si enarbolamos las banderas de la libertad económica, encontraremos resultados que prometen una real solución, eficiente. La población 10% más pobre de los países con mayor libertad económica obtiene 8 veces más ingresos per cápita y 10 veces más remuneración promedio que aquellos países que la restringen sistemáticamente. También estos países, crecen más del doble que aquellos sin libertad. En los países más reticentes a la iniciativa individual, los índices de indigencia y pobreza son 15 y 24 veces más altos que en aquellos que la incentivan.
Sin embargo, detrás de estos números por demás exitosos hay una enorme exigencia: dar un giro de 180º en nuestra visión y en nuestra forma de encarar el acuciante problema de la pobreza. Decía Hazlitt: “El Problema real de la Pobreza no es un problema de distribución, sino de producción. La única forma permanente de curar la pobreza es incrementar el poder adquisitivo de los Pobres”
Bajo este esquema de pensamiento, el emprendedurismo convierte a la pobreza en un motor del crecimiento. El Emprendedor no busca empleo, genera empleos. No consume recursos dinerarios, los origina. A quien antes percibíamos como un problema ahora se transfigura en una solución.
Pero para ello, cualquier proyecto que se plantee si quiere tener resultados competentes, deberá contemplar crear las condiciones adecuadas para su implementación. Acceso al financiamiento de capital productivo, titularización de la propiedad privada, determinación propia de prioridades, capacitación adecuada a sus prioridades y, principalmente, igualdad ante la ley, son supuestos mínimos a considerar en este nuevo paradigma.
Esta nueva mirada aporta también beneficios sociales que exceden a la figura del emprendedor. Fortalecimiento del tejido social, generación de empleo y riqueza, recuperación de la dignidad humana. Reducción del clientelismo político-religioso: el Hombre con su mente, razón y esfuerzo como creador de su riqueza y auxilio de terceros.
Esta forma de encarar la situación, también nos ocasiona beneficios económicos. Reducción del gasto asistencial, pasando de un gasto a una inversión productiva, con el resultante aumento de los intercambios productivos, con un incremento de la base de recaudación fiscal con una congruente disminución de la carga impositiva por habitante y la consecuente capitalización de la economía.
Con un cambio de enfoque, podemos transmutar al pobre, de un problema a una solución. Un problema que consumía recursos, puede transformarse por medio del Emprendedurismo, en un motor del crecimiento. Desde su dignidad recuperada, puesto de pie, es capaz de generar crecimiento y los recursos que antes consumía y no producía, no solo para él, sino también para su comunidad. Ya es hora que cambiemos nuestra mente en relación a este tema que, como hemos visto, nos atañe a todos. Organismos que se pasan celebrando días y planteando soluciones que emanan de despachos habitados por ropas finas, caras y aromas de perfume francés, ya han demostrado que no son la solución. Una solución basada en el esfuerzo propio y no en el asistencialismo es posible. Ya es tiempo de implementarla.

*Enrique Esteban Arduino
Director Académico
Fundación Club de la Libertad
Corrientes, Argentina

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