El nuevo orden

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Por  Jose Edgardo Carballo Sawula.

Esta crisis sanitaria que enfrenta el mundo, con un confinamiento universal jamás visto, el cese mundial de toda comunicación aérea, terrestre y marítima en materia de transporte, el cese mundial de la actividad productiva, es inédito para nuestra generación.

El virus (hasta ahora desconocido por la ciencia médica) ha llegado a todos los continentes, causando graves inconvenientes a los sistemas de salud, no solo por la rapidez del contagio, sino por su letalidad.

Todos los países se han declarado en estado de “alarma” “excepción”, asumiendo un rol de policía, justificado por la grave situación que genera el virus.

Al decretarse el confinamiento, es importante subrayar que esto ha sido acompañado por la propia voluntad de los ciudadanos, debido a  un fuerte factor psicológico de “miedo”.

Además, en lo económico, si bien, nadie desconoce el carácter de excepcionalidad y de lo inédito de la crisis, los estados asumieron un rol económico de “guerra” (según propias declaraciones de mandatarios mundiales) interviniendo no solo algunas empresas para fabricar respiradores sino, inyectando miles de dólares a la economía.

Ante este, acaso justificado avance del estado, la pregunta que nos formulamos es: los ciudadanos volveremos a gozar o recobraremos una normalidad en cuanto al funcionamiento de las instituciones, plafon de las democracias liberales, el sistema republicano y las libertades individuales, o, en todo caso, surgirán nuevas formas de civilización dentro de un sistema de respeto al individuo?.

Yuval Noah Harari piensa que “muchas medida de emergencia a corto plazo se convertirán en un elemento vital”,  el destacado pensador cree que esta pandemia provocó una aceleración del proceso histórico, y es cierto.

Otro factor a tener presente en el análisis, es que en occidente, la tentación autoritaria es muy fuerte. Existen factores sicológicos del individuo “del ansia de sumisión y del apetito del poder por parte de los gobernantes” (Erich Fromm Miedo a la libertad”.

Es asi que, frente al miedo y a la incertidumbre que provocó la propalación de la epidemia, las personas obedecieron, de un día para otro, a la orden de confinamiento forzoso en sus domicilios.

Las personas abdicaron, en virtud del temor, su libertad, justificando y asintiendo la presencia del estado en todos los ámbitos con el fin de contener el avance del virus.

Ante este escenario mundial, sobre todo en occidente, una vez que se supere la pandemia, saldrán intactos los valores de la democracia liberal y de la sociedad abierta?.

O se podrá correr el eje a un autoritarismo, con la justificación de que los países orientales, como China, han logrado, siendo el epicentro de la pandemia, poca tasa de mortalidad y eficaz control del contagio comunitario.

De acuerdo a lo que escribió en los últimos días, Harari dice “analizando como están gestionando esta crisis, países orientales, con monitoreos de teléfonos inteligentes, miles de cámaras de reconocimiento facial, que obligan a la persona a verificar e informar su temperatura corporal y condiciones médicas, no solo para identificar en tiempo real a portadores sospechosos, sino identificar además sus posibles contactos a fin de evitar propagación”, esto, claro está, que desata otra clara discusión para occidente, (en oriente no, pues ya sabemos de su régimen autoritario de gobierno acompañado de su cultura obediente).

El uso de esta tecnología, algoritmos e inteligencia artificial por parte de un estado, claramente es un peligro, si no existe un contralor que brinda la república, de que el gobierno de “Gran Hermano” se convierta en un gobierno “jacobino” motivado por el bien común, y poniendo en peligro las garantías individuales.

Existen dos factores peligrosos si no son gestionados por manos o instituciones adecuadas, el factor miedo complementado por la tecnología e inteligencia artificial.

No es ocioso recordar que el miedo desata lo peor de los seres humanos, así, uno de los motivos para que Alemania se volviera criminal en el Tercer Reich fue el miedo  en combinación con un estado que pretendía controlar todos los aspectos de la vida.

Luego de las grandes guerras del siglo XX se ha originado un nuevo orden que se basó en el multilateralismo y democracias liberales (sociedades libres) que culmina con la caída del “muro de Berlin” en 1989.

Es claro que, posterior a la pandemia, la discusión de los problemas que nos van a aquejar serán no solo los de orden económico sino la justificación misma de un nuevo estado.

En estas instancias de mi análisis debo decir, que muchos pensadores consideran que todo será igual.

La introducción de la tecnología y su utilización en los países occidentales, no deben significar una trampa para el individuo; al contrario, debe ir de la mano del crecimiento económico, utilizándose en la cooperación en la producción y creación de riqueza, en programas de sistemas de salud, acercándose a un perfecto equilibrio entre la intimidad y el “accontability” estatal, en la inevitable era de la inteligencia artificial.

Lo principal y como colofón, en estas horas de incertidumbre, es que, en esta bisagra de la historia,  las nuevas formas de gobernanzas tengan como brújula  los condicionamientos éticos de la libertad, y a propósito de ello, Ayn Rand en su obra “la virtud del egoísmo” se pronunció “ Los Estados Unidos fueron la primera sociedad moral en la historia…Todos los sistemas previos habían visto al hombre como un medio sacrificable a favor de los fines de los demás, y a la sociedad como un fin en si misma…”

 

Jose Edgardo Carballo Sawula – abogado – director de la Fundación Club de la Libertad

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