La escritura y la libertad

De pequeña, todas las noches contaba una historia diferente en mi diario. A veces eran vivencias reales, en otras las inventaba. Escribir en silencio, para mí, significaba mucho. De pronto, todas esas palabras privadas se convirtieron en un intento por llegar a otros. Narraba historias entre amigos y se las compartía, escribía cartas y dedicaba miles de palabras a algo que no me llenaba. Decidí dejarlo, y así, pasé años sin poder escribir, sin tener qué decir o cómo decirlo.

Un día, no sé precisamente cuando, reconocí y asumí el rol de una ciudadana responsable con mi país y decidí que escribiría todo aquello con lo que no estaba de acuerdo. Pero con eso no bastaba, pues necesitaba un buen argumento. Entonces, me aventuré a estudiar cada acción política que me parecía errónea para formar de esa manera artículos de opinión. Desde esa fecha desconocida, estoy delante de páginas, escribiendo mis pensamientos con un mensaje por el que doy la cara.

Se preguntarán qué tiene que ver la escritura con la libertad, y por qué se me ocurrió que escribiendo podía defenderla. La razón es porque la escritura es una forma de practicar la libertad. La libertad exige responsabilidad, así como la escritura requiere de un firmante responsable. Cada escritor tiene algo que decir y decide cómo hacerlo. Escribe únicamente por sí mismo y de acuerdo a lo que piensa. En el momento en el que alguien le empieza a dictar las palabras desde afuera, en realidad ya no está escribiendo.

Por eso, la escritura es el acto de expresión individual más impresionante que conozco. Es la forma más sutil de expresar algo, pues nos da la oportunidad de crear y construir historias, pero también de borrar y corregirlas. Podremos o no tener seguidores, podremos o no obtener aplausos, pero lo que sí es seguro, es que nuestra escritura representa quienes somos nosotros. Y con eso, somos libres.

Pues la libertad no significa sólo saber su significado, sino ponerla en práctica. Podemos leer miles de páginas, artículos, libros y citas de teóricos de la libertad, podemos entenderla perfectamente, pero no la valoramos hasta que no la ejercemos responsablemente. Un ser libre no es teoría, es práctica.

Todos percibimos la libertad de una forma diferente, pero creo que no hay mejor forma de ponerla en práctica que escribiendo. Considero que los escritores son amantes de la libertad, pero a veces no quieren ejercerla plenamente por temor a perderla. Debemos invitarlos a ejercer su individualidad libremente, pues así la escritura contribuirá mucho más de lo que ya lo hace.

¡Escribamos nuestras vidas y practiquemos la libertad!

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