La mano invisible

Por Guillermo Busso.

Adam Smith, un escocés nacido en Kirkcaldy por el 1723, tan conocido como el padre de la Economía fue uno de los intelectuales más influyentes en su época, perteneciente a un movimiento de increíble relevancia para la historia humana, la ilustración escocesa.

Tan así que Winston Churchill se refería a ella de esta manera.

De todas las naciones pequeñas de la tierra, quizá solo los antiguos griegos sobrepasan a los escoceses en su contribución a la humanidad”. Winston Churchill.

De allí podemos destacar muchísimas obras, pero sin duda una resalta entre todas “An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations” o más ameno “La riqueza de las naciones” es, sin duda, la obra que le dio un marco a la ciencia económica. En sí fue tal su contribución que quedan rondando algunos conceptos en el inconsciente colectivo como es así el gran caso de la famosa “mano invisible”.

Se suele asociar a las acciones motivadas por el egoísmo o por el interés propio como algo negativo, por el contrario, lo que sucede es que esta motivación natural contribuye al bienestar de los individuos como sociedad. Intentaremos develar de una forma sencilla este concepto.

Los individuos tienen una tendencia natural hacia el interés propio, no es la bondad hacia otras personas lo que nos está guiando a comerciar.

Citando a un fragmento de esta obra.

No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, del panadero que recibimos nuestra cena, si no la consideración que tienen ellos de su propio interés”.

Es decir, el panadero no le ofrece sus productos por plena cortesía, sino por su propio interés, este está interesado en la retribución a cambio del mismo, es así también como se preocupa por que su pan sea de la mejor calidad posible y al mejor precio ya que, de otro modo, el interesado en el pan podría buscarlo en otro lado.

Esta cuestión es la que impide que en el corto plazo se busque abusar de su cliente, ya que en el largo plazo sus intercambios se verían afectados.

Así mismo también se hace referencia de cómo se comportaría esto en un ámbito más amplio.

 

En primer lugar, el interés propio de un individuo también puede contribuir a la sociedad en general, cuando acumulamos capital y lo destinamos a invertir, ante todo por una cuestión de arraigo y cercanía, preferimos hacerlo en el lugar que residimos o en el país mismo ya que esto se siente más seguro.

Dado que por naturaleza somos egoístas, esto puede ser una cuestión muy primitiva incluso de supervivencia, se buscará con nuestra inversión conseguir que produzca la mayor ganancia posible para nosotros.

Siendo ambas acciones egoístas, pueden ayudar a aumentar el bienestar general de la sociedad y sus ingresos. El panadero al satisfacer cada vez más las necesidades de sus clientes, en algún momento necesitará contratar un ayudante y ese ayudante a su vez con su ingreso podrá satisfacer otras necesidades.

Al estos mayores ingresos provenir del aumento de la producción, nuestra participación en el proceso invirtiendo el capital, está guiando a la sociedad a producir en mayor cantidad, generando una mayor riqueza para la sociedad.

En este caso, es como si una mano invisible nos esté guiando a promover los intereses de la sociedad sin es que este fuere nuestro propósito, en fin.

Citando a Adam Smith:

Al preferir dedicarse a la actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al orientar esa actividad de manera de producir un valor máximo él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos. El que sea así no es necesariamente malo para la sociedad. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo. Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo.”. RN libro IV p.456

 

Guillermo Busso.

Fundación Club de la Libertad.

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