Los cambios y la necesidad de soportarlos.

Por Octavio H. Cejas

Hace poco participé en una reunión de emprendedores, donde discutimos sobre los cambios tecnológicos y cómo fuerzan a las empresas a adaptarse a un nuevo mecanismo de ventas. Parece que no era solo la tecnología la que nos obliga a ello, sino también las circunstancias que nos acontecen, como lo es el coronavirus hoy.

Como resultado de esta charla, pudimos acordar en que ante situaciones extraordinarias que nos fuerzan a cambiar solo existen estas posibilidades: hacerlo por voluntad propia lo antes posible, que la circunstancia te consuma y recién ahí lograrlo o, directamente, negarse a todo tipo de cambio en el esquema y quedarte en el olvido. Esta última, claro está, es la salida de quienes creen que no necesitan adaptarse a las circunstancias que el momento requiere, provocando que desaparezcan sus empresas en la mayoría de sus casos.

¿Qué veo hoy con esta pandemia? En un análisis muy superfluo, y centrándome primero en las empresas, veo como el mercado actuó ágilmente, como todos están actualizando sus métodos de ventas, puesto que ahora sacan ofertas de envíos gratis (por citar un ejemplo). Y esto sucede en prácticamente cualquier rubro. Mi librería favorita ahora te lleva los libros a tu casa, cuando la compra sea superior a un determinado monto, y hasta llevan el posnet para que uno pueda elegir cómo pagar. Ni hablar de los restaurantes y de cómo ahora se dedican a un servicio exclusivo de envíos por moto mandado. Además, los institutos educativos han implementado plataformas virtuales. Contamos con los medios para sobrellevar esta pandemia y estamos viendo cómo el mercado se fue adaptando a ella, brindándonos comodidades para que no sintamos tanto la cuarentena, cosa de mantener, al menos un poco, nuestro estilo de vida.

Por otra parte, observando lo que podría ser considerada la visión del trabajador, sabemos que la tendencia mundial venía siendo ir hacia el “home office”, gracias al internet. Esto ayuda a que podamos sobrellevar la crisis mundial sin que se pare totalmente la actividad económica, evitando también poner en riesgo al resto de la gente, cumpliendo con la cuarentena establecida. Recuerdo leer una nota de La Nación, en donde Pablo Fernández Blanco contaba como EY incluso decidió pagarles los costos de internet a sus empleados. Esta tendencia, obligada por esta enfermedad que se propaga sin piedad por todo el mundo, no es nada más y nada menos que un aceleramiento de algo que ya venía sucediendo hace años. El trabajar desde la casa se ha vuelto muy común en el último siglo, muchos expertos auguraban que este tipo de trabajos podrían crecer considerablemente en estos tiempos. Nadie logró prever esta crisis, es verdad, pero ella solo trajo consigo consecuencias que a la larga o la corta podían suceder igual.

Y ahora, refiriéndome a la persona misma, debemos recordar lo dicho por Nietzsche en “Así habló Zaratustra”, cuando habla de que el hombre ordinario  o común, es aquel que se pregunta “¿Qué puedo hacer para mantenerme en dónde estoy?”, puesto que está cómodo así, y no prevé futuras ocasiones; pero que, por otro lado, el hombre que ve más allá (el súper hombre) se pregunta “¿Qué puedo hacer para mejorar?” por no conformarse con lo que tiene.  Ahora, y ante estas circunstancias, debemos aspirar a ello, a ver más allá, a adaptarnos a los tiempos que corren, aunque no nos gusten. Porque es mejor ir trabajando de a poco y con precaución, a que cunda el pánico. De nada sirve que estemos preocupados a un nivel desmedido por esto. Es verdad que hay que tener respeto por todo lo que está sucediendo en el mundo. Pero el miedo generalizado de la sociedad de nada sirve en tiempos en donde la templanza del individuo es menester a los fines de mantener el equilibrio y el orden social, al menos lo mayor posible. Cuidarnos a nosotros mismos debe ser una prioridad, sin conciencia de nuestros actos, esto jamás llegará a su fin.

No debemos olvidar, que algún día esta tormenta terminará, que la tempestad que nos acecha, acabará, que todo esto será un mero recuerdo de los libros de historia, y que hasta entonces, mantenernos lo más fuertes posibles es una obligación a con nosotros mismos.  Y nunca dejar de lado que, como dije al principio, en épocas de cambio (o de crisis) solo hay 3 opciones. Por ahora algunas personas se van adaptando rápido, otras parecen estar esperando a ser consumidas por la crisis para cambiar, pero sinceramente espero que nadie se quede atrás. Es momento de que el individuo se adapte a lo que la situación le demanda, de que seamos responsables. Hoy debemos ser, como Nietzsche creía, súper hombres.

 

Octavio H. Cejas, Estudiante de Derecho UNNE.

Coordinador del Equipo de Artículos.

Fundación Club de la Libertad.

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