Mary Wollstonecraft: La igualdad del hombre y de la mujer ante la ley.

Por: Paola Dos Santos

Mary Wollstonecraft fue una escritora y filósofa de origen inglés, nacida en la ciudad de Spitalfields el 27 de abril de 1759 en el seno de una familia de clase de media. Hija de una madre que en su rol de esposa siempre había demostrado sumisión y resignación ante la suerte que le había tocado en su vida conyugal, y de un padre que aparte de haber sido un pésimo administrador del dinero familiar, maltrataba de forma violenta con agresiones verbales y físicas a su esposa, amparado en las leyes que lo exoneraban de toda culpa en esa época. Mary en su infancia actuó de espectadora de esta dolorosa realidad dentro de su núcleo familiar, sufriendo de una inseguridad económica y emocional que la trasladaría sobre su espalda en su adolescencia y madurez.  Solo pudo asistir a la escuela el tiempo necesario para aprender a leer y a escribir, sin embargo, solo necesitó estas aptitudes para convertirse en un ícono de la libertad de la mujer en la historia.

La literatura de la época, como la de la escritora Jane Austen, decía que “el matrimonio es la más grata protección contra la pobreza”, sin embargo, Mary Wollstonecraft, comenzó a romper esos mismos esquemas y propuso más que nada la independencia económica de la mujer, ya sea por necesidad como por convicción y dignidad propia, y a esta idea la convirtió en el eje central de su vida y de sus principios. Se desempeñó en muchas labores durante su juventud, trabajando arduamente desde los 17 años y al mismo tiempo de forma autodidacta, continuaba con su instrucción de manera a fortalecer cada día su consciencia crítica sobre la situación social, económica y cultural de la mujer.

Le tocó vivir durante épocas que tuvieron periodos agitados, turbulentos y que a la vez ocasionaron el nacimiento de muchas transformaciones como la Revolución Industrial, la Ilustración y la Revolución Francesa. En este escenario, en donde se promovían los amplios debates de opinión entre los ilustrados, Mary comenzaba a participar en ellos ya que mantenía amistad con personas ligadas a la opinión disidente al establishment de la época.

Ella abrazaba a un ideal liberal que promovía la igualdad de los sexos ante la ley y luchaba a fin de abolir la idea obtusa de la diferenciación sexual, la cual asociaba a la identidad social masculina la definición de la razón y a la femenina la asociaba con el mundo del amor, de los sentimientos y de la moralidad absoluta. Esta controversia generó debates con grandes tensiones entre las partes oficialistas y disidentes sobre los aspectos que hacen a la razón y al corazón en ambos sexos, sin embargo, Mary adoptó estos dos pilares, tanto en su vida como en sus trabajos intelectuales. Con esto terminó de publicar sus dos primeras obras: “Una guía para la educación de las niñas” y “una novela sentimental”. Las cuales le produjeron un éxito tal que con lo ganado no solo lograba mantener su vida económica de forma equilibrada, sino también comenzaba a dedicarse como traductora y escritora profesional para una conocida editorial inglesa. Lo que anteriormente era considerado como un imposible para la mujer, Mary comenzaba a hacerlo realidad ante los ojos de todos.

En el año 1791 escribe una obra conocida como “Vindicación de los derechos del hombre”. En esta obra, Mary ataca a la aristocracia y propugnaba el republicanismo. Se la puede considerar como la primera respuesta en la guerra de los panfletos iniciada por la publicación de “Reflexiones sobre la Revolución Francesa” de Edmund Burke, con la cual se enfrenta directamente a él, quien era considerado un defensor acérrimo de la monarquía constitucional, la aristocracia y de la iglesia de Inglaterra. Mary Wollstonecraft fue la única persona que se animó a denunciar públicamente el vocabulario sexista que utilizaba Burke, y critica la justificación que el autor hace en “Indagación Filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello” (1756) sobre una sociedad desigual basada en la pasividad de la mujer.

En el año 1791 escribe su obra cumbre en defensa de la igualdad de derechos y oportunidades para los sexos, la cual se constituye hasta nuestros días en la principal obra que dio nacimiento a la lucha histórica de la mujer por su libertad: “Vindicación de los derechos de la mujer”. La misma es considerada como una joya literaria la cual condena por sobre todo a la educación que se daba a las mujeres en ese tiempo porque las hacía “más artificiales y débiles de carácter” y porque las formaba con valores erróneos. La misma nace a fin de responder al informe de Charles Maurice Talleyrand – Périgod en donde sostenía que las mujeres solo debían recibir educación relacionada al ámbito doméstico.

Wollstonecraft le formuló a Talleyrand – Périgod una pregunta crucial sobre la hegemonía masculina imperante en ese tiempo: “¿Quién hizo del hombre el juez exclusivo, si la mujer participa con él en el don de la razón?”. Esto fue el balde de agua fría expresado de forma teórica y directamente dirigido al poder de los hombres sobre todos los asuntos cotidianos. Además de esto, trató de conectar las esferas públicas y privadas a fin de concebir un nuevo orden moral, en donde entrelazó de forma íntegra a la razón y a los sentimientos como un conjunto dentro de una forma de vida individual y social. Decía ella “se requiere juicio con qué convertir la sensibilidad en el ancho canal de la humanidad”.

La educación formaba parte importante de su lucha por los derechos de la mujer. Escribe cuanto sigue: “Cuando denuncio lo hago en nombre de mi sexo y no en el mío propio. Desde hace tiempo vengo considerando que la independencia es la suprema bendición de la vida y ésta sólo se alcanza a través del ejercicio de la razón. En mi lucha por los derechos de las mujeres, mi argumento principal se basa sobre el principio elemental de que, si la mujer no está preparada, mediante la educación, para convertirse en compañera del hombre, será ella quien frenará el progreso del saber y de la virtud, pues la verdad debe ser siempre patrimonio de todos y si no, no tendrá influencia en la vida”. “Pero si las mujeres deben ser excluidas sin tener voz ni participación en los derechos naturales de la humanidad, demostrad primero, para así refutar la acusación de injusticia y falta de lógica, que ellas están desprovistas de inteligencia; si no, este fallo en vuestra Nueva Constitución pondrá de manifiesto que el hombre se comporta inevitablemente como un tirano”. Como se podrá notar, a ella le encantaba escribir frases que chocaban al lector. El resultado fue la fuerza y la energía de su vindicación y el éxito de la misma.

Su opinión sobre el matrimonio la basaba en la afirmación de que lo ideal consistía en una afinidad intelectual, y en relación a la educación de los hijos cuestionaba cómo podrían las madres cumplir con sus deberes de forma eficiente si la cultura predominante en la época carecía de virtud. Con ello también cuestionaba la implantación en la sociedad de ciertas distinciones no naturales por sobre el talento y el mérito, originando con ello una lucha de poderes entre los hombres. Hacía mención a distinciones como el rango, la clase y los privilegios heredados.

Wollstonecraft luchó por la revisión de los prejuicios y las convenciones sociales, a fin de demostrar que las diferencias de valor y función de los sexos son totalmente artificiales y arbitrarias, un producto socio cultural que liberales e ilustrados mantenían hasta ese momento de manera arraigada y con sus obras reta a las principales autoridades a cambiar sus conceptos. “La sociedad sólo puede ser feliz y libre en proporción a su virtud, pero las distinciones presentes corroen la virtud privada y destruyen la pública. Para hacer al género humano más virtuoso y, por supuesto, más feliz, ambos sexos deben actuar desde los mismos principios. Para hacer también realmente justo el pacto social, y para extender los principios ilustrados debe permitirse que las mujeres fundamenten su virtud en el conocimiento, lo que apenas es posible si no se las educa mediante las mismas actividades que a los hombres”

Defendió arduamente la idea de que son las circunstancias las que determinan la inferioridad femenina y no la naturaleza misma de la mujer, y que dicha inferioridad ha sido perpetuada e institucionalizada a través de la literatura, las artes, las costumbres, la educación y los valores sociales y dogmáticos impuestos desde tiempos inmemoriales, los cuales manejan un lenguaje artificial que busca perpetuar la naturalidad en la confusión misma de la mujer en su rol como parte de la sociedad.  “Es el ojo del hombre lo que se les ha enseñado a temer y es ésta (la reputación) y no la castidad, con toda su bella comitiva, lo que emplean para mantenerse libres de mancha, no como una virtud sino para conservar su posición en el mundo”.

Si bien gran parte de su Vindicación de los derechos de la mujer es una adaptación en forma feminista del Emilio de Rousseau, su decepción llega al leer la obra “Sofía”, en donde se sintió herida y traicionada por el autor. A partir de aquí comienza a morir su admiración por Rousseau, ya que descubrió que él mismo, en su concepción sobre el carácter y destino de las mujeres, mantenía la diferenciación de los sexos basándose en la natural inferioridad física de la mujer, la cual debía ser débil y pasiva. Mary combatió con lucidez y vehemencia dicha lógica rousseauniana de que la mujer ha sido creada para dar placer y someterse al hombre. Trató de erradicar a la educación femenina que se encontraba orientada a hacer de las mujeres un mero objeto sexual.

Decía Rousseau “Educad a las mujeres como a los hombres y cuanto más se parezca a nuestro sexo, menos poder tendrán sobre nosotros”, a lo que Mary Wollstonecraft responde con su más célebre frase histórica “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

Mary Wollstonecraft es sin duda alguna la representación excepcional de la lucha histórica femenina por la libertad, y estaba convencida de que la mujer era igual al hombre ante la ley. Es por esta razón que aferrada a sus ideales y principios luchó por los derechos femeninos, enfrentándose a todos los prejuicios y las contradicciones de la época. Esta lucha la plasmó desde las evidencias que obtuvo mediante su educación autodidacta y su experiencia empírica, y con ello pudo mostrar al mundo de que la igualdad y la libertad, de las que tanto se hablaban en la época de las luces, no estaban representadas de forma igualitaria en los cambios sociales y políticos.

Tuvo dos hijas. Una de ellas fue Mary Shelley, producto de su matrimonio con el político y escritor William Godwin, quien luego se convirtió en una de las más famosas escritoras femeninas de todos los tiempos con su obra magistral “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Luego de dar a luz a Mary, fallece a consecuencia de una sepsis, a sus 38 años.

Shelley escribió sobre su madre lo siguiente: “Ella era uno de esos seres que solo aparecen una vez por generación, para arrojar sobre la humanidad un rayo de luz sobrenatural. Ella brilla, aunque parezca oscurecerse y los hombres la crean apagada, pero se reanima de repente para brillar eternamente”

 

Por Paola Dos Santos
Máster en Ciencias de la Educación
Socia del Club de la Libertad

 

 

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