Populismos y pobreza en Guy Sorman

Por: Garret Edwards (*)

La pandemia de COVID-19 nos ha quitado oportunidades y también nos ha brindado chances que probablemente en otras condiciones no habrían sucedido. En el mes de junio de 2020, en la segunda entrega del Ciclo de Conferencias Internacionales de Fundación Libertad junto a la Fundación Internacional para la Libertad, tuve el placer, honor y privilegio de entrevistar a Guy Sorman, el famoso y genial economista y filósofo francés, defensor del liberalismo y seguidor de Alexis de Tocqueville. La conferencia se tituló “EE.UU., China y el mundo pospandemia”, y charlamos por prácticamente una hora sobre las expectativas de Sorman respecto al futuro de la economía mundial, los nuevos liderazgos y también sobre el caso argentino.

Guy Sorman ya había visitado Rosario y la Argentina con anterioridad, demostrando su permanente interés en nuestro país. Un interés sostenido en lo que sucede en toda la región, como ha quedado demostrado en este encuentro mencionado anteriormente cuando Sorman analizó el caso venezolano. “El empobrecimiento de Venezuela no es un accidente, el régimen quiere que todos dependan del Estado” nos explicaba con justeza. Se preguntaba también si Venezuela “todavía es un país”, dado el masivo éxodo de más de 5 millones de personas durante los últimos años para escapar de las garras de la dictadura chavista. ¿Qué nos dice esa política migratoria venezolana sobre la Argentina? Nuestro país cada día expulsa a más jóvenes, a más graduados universitarios, a más emprendedores y empresarios. ¿Qué destino nos queda si pierden las esperanzas en su país aquellos quienes son más productivos, aquellos que generan riqueza?

El espejo roto venezolano sigue siendo el modelo populista latinoamericano por excelencia, y eso que ha tenido cultores y seguidores en otras partes. Sorman lo describe excelentemente: una planificada decadencia de su economía en formato de programa sistemático de empobrecimiento de la población en virtud de lo definido por la dictadura. Se destruye al sector privado de manera intencional y deliberada para tornar a los ciudadanos de Venezuela en esclavos del régimen.

El francés también estaba preocupado por las acciones y reacciones de Estados Unidos y China respecto a la pandemia de coronavirus, asimismo respecto de la posibilidad de que un evento de dicha magnitud se repita. Realiza Sorman, en esta ocasión, un delicioso contrapunto sobre la URSS y Chernobyl con China y Wuhan: “[L]a ideología totalitaria que existió en ese entonces en la Unión Soviética y en China ahora son similares (…) las consecuencias son muy distintas (…) Chernobyl fue usado como pretexto por Gorbachov para cambiar el régimen. En China fueron para el otro lado”.

¿Y qué nos regala Sorman respecto a su visión de la Argentina? Su preocupación por nosotros y nuestro futuro. Lo enigmático de una Argentina en la que nada funciona, “por alguna razón misteriosa”, que nunca ha sido capaz de formar las instituciones necesarias para que la economía sea estable y crezca. Siguiendo las ideas del italiano Loris Zanatta, Argentina es un país que se mira para adentro y para atrás, que siempre mira hacia el pasado y le es imposible construir de cara al porvenir. Destacándose también el populismo entendido por el argentino Ernesto Laclau, ya fallecido e ideólogo del kirchnerismo. “Populismo” como signifcante vacío, envase sin contenido. Las similitudes entre Donald Trump y Cristina Fernández de Kirchner serían interminables. Sorman agrega que “populismo” es un término ambiguo: a la par es un insulto y una descripción. Un insulto, una manera peyorativa de referirse al contrincante político, al adversario, al enemigo.

Sorman nos brinda una visión del mundo de las ideas, no de las posiciones. Un mundo que evoluciona y que se hace de las nuevas tecnologías como herramientas para mejorar. La imprenta de Gutenberg nos dio la reforma protestante sin saberlo. Las redes sociales nos habrían evitado gran parte de la Segunda Guerra Mundial, nos dice. Guy Sorman se anima a pensar fuera de la caja, a discutir ideas y no posturas. A discutir todos los temas sin temor a qué puedan pensar los demás. Sorman es un librepensador, y tenemos que estarle agradecidos. ¡Gracias, Monsieur Sorman!

(*)Garret Edwards

Director de Investigaciones Jurídicas en Fundación Libertad

@GarretEdwards

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