El fantasma del sistema chileno de pensiones

El presente artículo fue escrito por Felipe Fajardo, miembro del Equipo de Bloggers de EsLibertad.

¿Solo un cambio total al sistema de AFP ayudaría a mejorar las pensiones?

Esta pregunta es parte de la Encuesta de Opinión y Percepción del Sistema de Pensiones en Chile a la cual el 72% de los encuestados respondió estar muy de acuerdo y tan sólo el 6 % respondió estar muy en desacuerdo. Este informe, y esta pregunta en específico, nos dan a conocer la percepción de rechazo al mencionado sistema y a partir de este nacen propuestas de cambios profundos.

Es común que la opinión pública vocifere falaces argumentos en contra del sistema privado de pensiones y de tanto ser repetidos, son aceptados como verdades absolutas por la población. Existe un mito principal, el cual es repetido en medios de comunicación como verdad absoluta y guarda relación con las bajas pensiones que entrega el sistema privado de pensiones en Chile.

Para aceptar o rechazar tal afirmación se hace necesario definir qué se considera por pensiones altas o bajas. Una medida comúnmente aceptada es la tasa de remplazo calculada como la razón entre la pensión obtenida y el salario promedio, generalmente de los últimos años de trabajo. Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo):

Para las prestaciones de vejez el Convenio 102 establece que los pagos periódicos deben, por lo menos, alcanzar el 40% del salario de referencia(…).

La OIT establece así un límite inferior a las tasas de remplazo que deberían superar los sistemas de pensiones, independientemente del tipo de sistema.

Por su parte, la tasa neta de remplazo promedio para los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) alcanza el 66% para hombres y 65% para las mujeres. Tanto las cifras de la OIT como de la OCDE sirven para establecer parámetros de comparación.

Según datos de la propia OCDE la tasa de remplazo alcanza en Chile el 52% para hombres y 42% para las mujeres. Solamente considerando estas cifras el sistema de pensiones cumple con lo establecido por la OIT en el convenio 102. Claramente tasas de remplazo cercanas al 50%, aunque aceptables, no pueden ser consideradas como altas, en parte por el hecho de estar bastante lejos del promedio de países de la OCDE y además por el hecho de que implicaría reducir drásticamente la calidad de vida de los pensionados.

Los problemas de realizar una comparación entre el sistema chileno y el sistema de otros países es que estos difieren estructuralmente. Las cifras de tasas de remplazo chilenas se subestiman de manera considerable por dos hechos principales. Primero se consideran dentro del cálculo del promedio de pensiones a todos los afiliados al sistema independiente de su densidad de cotización, inclusive a aquellas personas que cotizaron una única vez. Situación que no se da en los sistemas de reparto ya que la mayoría de estos exige requisitos de densidad de cotización para obtener una pensión. El segundo hecho es que la tasa de ahorro obligatoria para pensiones en Chile es del 12,3%, bastante inferior al 20% promedio en los países de la OCDE, por lo cual con tasas de ahorro similares debería observarse un aumento de gran magnitud en las tasas de remplazo del sistema chileno de pensiones.

En un trabajo realizado el año 2012, el economista Ricardo Paredes estudió las tasas de remplazo en Chile utilizando datos de los jubilados entre enero y marzo del 2012 y concluye que las tasas de remplazo netas de los pensionados que cotizaron por lo menos 10 años alcanzan el 87% para hombres y 57% para mujeres. Estas cifras superan con creces lo establecido por la OIT y supera, para el caso de los hombres, el promedio de tasas de remplazo en los países que componen la OCDE.

La conclusión es clara: las pensiones que entrega el sistema privado de pensiones chileno superan los estándares de la OIT y de la OCDE. Existe espacio, eso sí, para perfeccionarlo con reformas tendientes a mantener un sistema privado que ha dado autonomía a las personas, ha limitado el poder de estado, ha reducido el gasto público en pensiones y ha sido parte fundamental del progreso de Chile de las últimas décadas.

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