Paraguay en llamas

Por: Fernando Cubilla (*)

La humanidad, a lo largo de su historia y en todas partes del mundo, se vio sumergida en conflictos económicos, políticos y sociales. Desde las luchas entre tribus y familias hasta las batallas independentistas; desde las batallas independentistas hasta las grandes guerras internacionales; y un sinfín de ejemplos que podría citar, mas no es ese el objetivo de este escrito. Estos problemas no cesaron, sino todo lo contrario, sobre todo con la aparición del covid-19 en China, el cual, en cuestión de meses, puso en alerta a todo el globo.

En Latinoamérica pasamos días y semanas leyendo noticias sobre lo que significó esta crisis sanitaria en países como Italia, España, Estados Unidos, China, etc., y muchas veces -me veo obligado a hacer un mea culpa- nos olvidamos de nuestro deber de estado: el país al que pertenecemos. En mi caso, mi amado Paraguay.

Mi hermoso y pequeño país, situado entre Argentina, Bolivia y Brasil, y muchas veces olvidado por el resto del mundo, está pasando por una situación no muy diferente a la del resto de las naciones. Nos encontramos envueltos en una crisis socio-política, consecuencia de la crisis sanitaria que trajo consigo el virus, y que no hizo más que realzar las falencias de los gobernantes de turno.

Para entrar en contexto, cito algunos de los acontecimientos más relevantes desde la aparición del virus en el Paraguay. Desde ya, perdón si paso por alto alguno. La primera medida, a mediados de marzo del año anterior, fue el cierre de fronteras. Luego de esto, se estableció la cuarentena absoluta, mediante la cual la gente no podía salir de sus casas salvo para cuestiones de necesidad inmediata, llámese compras para el mantenimiento del hogar, comida, etc. Para solventar los gastos sanitarios y equiparnos para lo que se esperaba (discurso ya conocido por todo el mundo), se pidió un préstamo de USD 1.600 millones, seguido de otro de USD 350 millones, y a partir de este punto es cuando la situación se tornó realmente punzante. Las medidas sanitarias se olvidaron totalmente de distintos sectores económicos, consiguiendo así que éstos no puedan producir. Mientras tanto, el congreso discutía una posible suba de impuestos para solventar la pandemia. Para no alargar tanto, voy a lo más reciente, y sin orden cronológico. Los sanatorios, tanto públicos como privados, no dan abasto para la cantidad de enfermos que hay en el país. Los congresistas se subieron los salarios. La gente pierde su trabajo, a sus familiares, su honor y dignidad. El presidente Mario Abdo Benítez responde con sarcasmo a los reclamos de la gente, con comentarios como “qué miedo tengo” o, en castellano para que se entienda, “no sé, no soy médico”. Los políticos quedan impunes ante los crímenes de corrupción cometidos por ellos, mientras todos nosotros, simples peones, debemos permanecer aislados para no contraer el virus, porque claro, “el gobierno te cuida”. El Ministerio de la Niñez y la Adolescencia busca imponer un plan educativo con ideología de género. Aumentan los casos de “feminicidios” y abusos. Cambian los ministros debido a su inoperancia, por otros igual o más inoperantes.

¿Recuerda el lector el primer préstamo de USD 1.600 millones? Resulta ser que, de ese dinero, USD 538 millones fueron utilizados para el “funcionamiento del Estado”. Del resto, nadie sabe. El Ministerio de Salud publicó en sus redes sociales un video intentando demostrar a dónde se destinó dicho préstamo, pero su idiotez nos demostró la realidad del país desde el inicio de la pandemia: los pocos equipos que tenemos para combatir el virus fueron fruto de las donaciones recibidas de otros países. El Paraguay recogiendo migajas.

Entre estos y otros tantos acontecimientos, la ciudadanía no podía hacer otra cosa que llegar a su límite, y así lo hizo. Desde inicios de marzo abundan manifestaciones a lo largo y ancho del país, bajo distintas consignas, como por ejemplo #EstoyParaElMarzoParaguayo2021, #ANRnuncamás, #QueSeVayanTodos, etc.

Estos últimos días de manifestación, sin embargo, nos muestran el oportunismo de muchos sectores, los cuales utilizan el hartazgo ciudadano para impulsar sus agendas electorales, y lo más triste es que lo están logrando, bajo una de las consignas previamente mencionadas: #ANRnuncamás.

Así, el día miércoles 17 de marzo del año 2021, la cámara de diputados trató el juicio político al presidente y vicepresidente, Mario Abdo Benítez y Hugo Velázquez, respectivamente. Sin embargo, la moción fue rechazada, lo cual indignó mucho más a la gente, llegando a un tono mucho más elevado de violencia en las protestas. Vimos en las calles compatriotas lastimados con armas blancas y de fuego, y la sede de la ANR, mejor conocida como Partido Colorado, incendiada por los manifestantes.

Si bien nadie puede negar que dicho partido político está lleno de nefasta corrupción, la creencia popular de que cambiando de color todos los problemas se van a solucionar es, cuanto menos, ilusa. Hoy día, votemos por el partido o movimiento que votemos, estamos simplemente eligiendo en favor de quiénes van a ir el robo por los próximos 5 años.

Por encima de todo esto, vemos a mucha gente festejando la quema de la sede de la ANR, a lo que yo me pregunto ¿saben acaso de dónde se va a sacar el dinero para financiar las reparaciones de la edificación? ¿En serio creen, después de todo lo que vivimos, que a estos políticos les importa lo que le pase al país y a sus habitantes? Ellos no pierden nada, porque ya no tienen nada que perder, sino todo lo contrario. Mientras cientos y miles de ciudadanos queman o pintarrajean tal o cual edificio, ellos siguen ganando dinero mediante el sudor de nuestras frentes, cubriendo sus crímenes y financiando las refacciones que ellos quieran a expensas nuestras.

Nos encontramos ante dos caminos muy distintos, por un lado, el de la civilización, y por otro el de la barbarie. Tomemos el camino que tomemos, seamos coherentes y responsables. Si decidimos ser civilizados, organicemos manifestaciones pacíficas con consignas y reclamos claros. Si decidimos el de la barbarie, bajo la creencia de que “todos los logros de la humanidad fueron conseguidos mediante la violencia”, ataquemos a TODOS los ladrones, no solo a los de un equipo, y seamos conscientes de cómo y a dónde deben ir dirigidos estos ataques y vandalismos, ya que ellos, desde sus privilegios, se siguen riendo en nuestras caras.

El verdadero cambio está en mí, en vos, en tu hermano o hermana, en tu amiga o amigo. En los honrados. No en los políticos de turno. Empecemos en casa, en el trabajo, en la universidad, en la escuela. Si nosotros no marcamos la diferencia en los pequeños actos cotidianos, no tenemos autoridad moral para reclamar a nadie, y así vamos a seguir en las mismas por mucho tiempo.

(*)Fernando Cubilla

Estudiante de Derecho

Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad Paraguay

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