Murray Rothbard, ¿por qué le debemos tanto?

Por: Marcos Irala (*)

No quepa la menor duda de que es el autor más prolífico de la Escuela Austriaca de Economía, que con sus 25 libros e incontables artículos publicados, nos encontramos ante materiales que son manjar de conocimientos. Pudo conectar a la economía con la filosofía, historia, política y derecho; es más, él mismo afirmaba que estas disciplinas son indivisibles y que no existe motivo para que sean enseñadas por separado. Pero lo que hace especial a Murray no es solo su capacidad para interpretar la realidad, sino que fue una persona entusiasta, que supo mantenerse firme a sus convicciones a pesar del rechazo del mainstream y establishment.

Murray se encargó de mantener encendida la llama de la Escuela Austriaca. Sobre todo cuidó con mucho celo y divulgó con entusiasmo el legado de su maestro Mises; aún cuando círculos de intereses lo patrocinaron con la condición de que lo haga de manera disimulada y que colocara en primera plana ideas que eran calificadas como más “accesibles” o “pragmáticas”, este se negó a complacerlos y mantuvo su honestidad intelectual intacta. Pero su gran carisma y compromiso con la verdad hizo posible que no faltara ayuda en la labor divulgativa, fue uno de los principales players en la odiseica tarea de transmitir conocimientos a través del Mises Institute.

Muchas veces se dice que personas brillantes como él son adelantados a su propio tiempo, pero yo creo que este caballero estaba justo donde debería, se opuso a todas las atrocidades tiránicas impulsadas por los gobiernos desde la New Deal, pasando por la II Guerra y la Guerra Fría; incluso predijo la reestructuración del movimiento socialista mundial luego del colapso de la Unión Soviética. No dudaba en poner en evidencia a intelectuales que eran premiados por alinearse a los poderosos o por discursar favorablemente en favor del intervencionismo estatal en asuntos que solo compete al individuo decidir.

Erróneamente, también se suele decir que la Escuela Austriaca resurgió con el galardón del Nobel a Hayek; no pretendo colocar en tela de juicio el mérito, pero sin la constancia e intransigencia moral de Rothbard y sus discípulos, aquel resurgir de la escuela Austriaca sería solo un vuelo de gallina. En realidad la escuela Austriaca ni siquiera “resurgió”, siempre estuvo activa desde Menger hasta nuestros días; pero son ideas que apuntan a contra corriente y los círculos de poder se encargan de amordazarlas en los medios de comunicación tradicionales o al menos intentan hacerlo. Si no fuera por la resistencia de Rothbard, no estaríamos hablando de la abolición completa del estado, no estaríamos hablando de llevar el concepto de propiedad privada hasta sus últimas consecuencias lógicas, no encontraríamos las fallas morales que de manera mal intencionada los poderosos intentan institucionalizar. El orden natural permitió que estas ideas se esparcieran poco a poco como una mancha de aceite, y con el uso de internet se potenciaron su distribución y descentralización.

Rothbard no solo mejoró y profundizó las ideas de Mises y de los clásicos de la economía o filosofía, sino que supo reconocer inmediatamente la brillantez de sus discípulos; como la de Hoppe, al alagar su ética argumentativa y considerarlo como un avance en sus propias ideas.

Podríamos ponernos a ponderar de manera extensa la bibliografía rothbardiana, pero Murray no necesita de ayuda, ni de introducciones; cuando se trata de explicar su visión del mundo, se comunica de manera clara y sin medias vueltas, en el arranque de sus escritos o conferencias ya se dejan ver ideas bien coherentes y explicativas, que cualquier lego en asuntos económicos entendería y que cualquier culto envidiaría por sus formas.

¿Un intransigente sesgado por sus ideas? El hecho de crecer en un entorno progresista y una familia vinculada al partido comunista, demuestra lo contrario y lo criterioso que fue para formarse sus ideas. Su búsqueda por argumentos lo llevó a encontrar consuelo en los libros de Rand y sobre todo en los seminarios dictados por Mises. Su dedicación a sus estudios bien que podrían colocarlo en una cómoda silla de decanato de universidad, pero su compromiso con la verdad lo colocó como un enemigo del estado, título que abraza con orgullo, pues no quería ser nada menos que eso. Veía en la apología al estatismo la causa primera de todos los males que aquejan estos tiempos. Según sus propias palabras, fue haciéndose más radical con el correr de los años. Según las palabras del profesor Bastos, fue un reaccionario radical.

Dejó tras su paso una semilla de esperanza por un estadio superior de civilización, semilla que está rindiendo frutos en forma de discípulos y admiradores por todo el mundo. Murray Newton Rothbard, ha pasado relativamente poco tiempo de su partida, pero no tengo dudas de que su legado trascenderá al tiempo.

 

(*)Marcos Irala

Director del Instituto Rothbard Paraguay

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